<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-6024672889976694931</id><updated>2011-09-21T20:55:51.395-05:00</updated><title type='text'>Daily Planet</title><subtitle type='html'>No necesariamente es un diario, pero tiene sus cosas.</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://loslocostambiencreamos.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6024672889976694931/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://loslocostambiencreamos.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Larousse</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07450217480396708216</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_BjFSwTnw1dc/S8K0drBRVVI/AAAAAAAAAC8/s0peY8J7jew/S220/19042_1303778467543_1022920011_972367_1650040_n.jpg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>26</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6024672889976694931.post-2959079038015478423</id><published>2011-02-26T21:23:00.001-05:00</published><updated>2011-02-26T21:25:21.283-05:00</updated><title type='text'>Demora</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" align="center"&gt;Nubecillas pasan, el tiempo avanza;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" align="center"&gt;sigue mi agonía, tu espera infinita&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" align="center"&gt;¿cuándo será, amor, el día de bonanza&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" align="center"&gt;en que la hora no sea tu kriptonita?&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6024672889976694931-2959079038015478423?l=loslocostambiencreamos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://loslocostambiencreamos.blogspot.com/feeds/2959079038015478423/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6024672889976694931&amp;postID=2959079038015478423' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6024672889976694931/posts/default/2959079038015478423'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6024672889976694931/posts/default/2959079038015478423'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://loslocostambiencreamos.blogspot.com/2011/02/demora.html' title='Demora'/><author><name>Larousse</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07450217480396708216</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_BjFSwTnw1dc/S8K0drBRVVI/AAAAAAAAAC8/s0peY8J7jew/S220/19042_1303778467543_1022920011_972367_1650040_n.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6024672889976694931.post-2964457648534527972</id><published>2010-07-19T02:31:00.002-05:00</published><updated>2010-07-19T02:36:36.578-05:00</updated><title type='text'>La utopía del nos</title><content type='html'>&lt;p align="justify"&gt;&lt;b&gt;&lt;/b&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt; &lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Hoy desperté del sueño para descubrir que seguía en coma. “De cómo un día puede ser revelador y los improperios digeridos” iba a ser el título de este texto. Terminé no decidiéndome por algo tan inapropiadamente largo y amenazador, deseo que alguien vea esto, después de todo. Nadie lo hará. Y si lo hace, no lo habrá hecho. Hoy no puedo leerme, he abierto los ojos, pero aún conservo los párpados avergonzados. “Lo único constante es el cambio”, dicen dos ratones inescrupulosos y dos personitas incompetentes; pues, ¡al diablo con ellos! Es hora del descubrimiento: ¡el arcoíris no existe!&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Estas últimas palabras pueden ser tan literales como metafóricas, yo las tomo hasta el hartazgo en un plato de sopa de letras –fría, por supuesto, en pleno invierno sin calefacción–, donde la “w” sólo cabe en el váter y en los hombres de ascendencia europea o, peor aun, en los váteres europeos. Estoy hastiado del hastío, ¿por qué me siento tan carente hasta de mis vacíos? Cómo la naturaleza es hueca, y la ciencia en nuestras mentes, cual barril de agua estancada, nos terminará consumiendo; me pregunto incesantemente. En la melancolía, sí, y también, en la desesperación. ¿Qué revelación? La de hoy, por supuesto, que ha estado desde el inicio, pero nadie deseó nunca notar su siempre. Nadie, excepto Hoy, el único hombre sobre la tierra que verdaderamente vive. Porque quien piensa tampoco existe, y sólo existe el que no piensa: el que vivirá por siempre. ¿Quién soy yo? ¿Hoy, acaso? No, yo no soy más que Ayer de Mañana; y ninguno de los dos vivirá para contarlo, como el arcoíris.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Antes soñaba con un mundo sin personas, sin animales. Un mundo que trabajase perfectamente, que sopesase días con noches sintácticamente hablando, o escribiendo. Lo que quedaría cuando yo dejase de inexistir. Porque nunca lo hice y jamás escribí esto. Mi utopía, sin sol ni luna, pero con “sol” saliente y “luna” creciente. (“Si me quedo, ¿qué me das?”. Lo siento, querido, para eso tienes que haber estado aquí). Un paraíso de ideas, una fortaleza informática, un santuario del saber y del ignorar, mas no, del ser. Cuando yo no esté, ni tú estés, ni él, ni ella, ni nosotros, ni ustedes, ni ellos; y sólo queden yo, tú, él, ella, nosotros, ustedes y ellos en su ángulo más pronominal; ¿qué habrá sino ideas en papel y paraísos del pasado? Un domo sin los que crearon a sus habitantes, sin los que encabezaron sus protestas, sin los que bailaron sus danzas, sin los que rompieron sus vidrios y sin los vidrios rotos. Sólo palabras, discursos, conciertos, fórmulas; en una naturaleza sin lectores, oyentes, espectadores e ingenieros. Ésa es mi utopía: todas las vidas transcurridas para que, al final, no haya servido de nada. Un mundo donde el arcoíris tiene los nombres de sus colores escritos en tinta negra.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Éste ha sido el día más largo de mi camino: ha durado más de diecinueve años; y, cuando acabe mi vida, seguirá sin mí. Y continuará conmigo, en tierras, en plantas, en animales y personas; pero no serán yo, sino, nosotros. ¿Es eso durar para siempre? ¿Es pasar del “yo” al “nos” la vida eterna? Ellos no pensarán como yo por estar yo en ellos; por lo tanto, no existiré en sus seres. ¿Dónde estaré, entonces? ¿En los libros? ¿Y qué pasará si yo no escribo nunca algo o si no soy un héroe o un gran empresario? ¿Qué pasará si yo no supero mi animalidad? Nada, en realidad, porque algún día se cansarán de leerme, de admirarme o de ignorarme; y pasarán todos a desconocerme rotundamente. En estas épocas (aún Hoy) en las que nadie se toma la molestia de recordar a Perséfone ni a Deméter, ¿existe el invierno? Estamos condenados a que el mundo siga sin nosotros, pero continuamos convencidos de que podremos sobrevivir en la base de datos de la humanidad, que se actualiza y formatea paulatinamente, eliminando lo añejo para salvaguardar lo novedoso. La utopía del nos es la de sobrevivir. Pues no, nunca lo haremos.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;¿Y quién probará que existimos si nadie nos recordará y nuestra información habrá sido eliminada? Si ni nosotros existiremos, ¿cómo sabremos que existimos? ¿Quién tendrá conciencia del nos? Es ineludible el paso del Hoy, con pisadas estruendosas sobre nuestro volátil ser. Una vez más, estamos sujetos al recuerdo –¿y cuando nos olviden los que nos recuerdan?–.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Es en un día eterno como Hoy que la RAE no tiene como oficial la palabra “arcoíris”. Y es, vale saber, cuando la palabra deja de existir que el concepto muere. Así pasamos del occiso “arcoíris” al aceptado “iris” –y quién sabe qué más–, como del yo al él y al nadie. Nuestros caminos buscan originar marcas en las rutas ajenas, pero las suyas también serán desviadas. ¿Para qué molestarnos, si ni siquiera lo vamos a recordar?&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6024672889976694931-2964457648534527972?l=loslocostambiencreamos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://loslocostambiencreamos.blogspot.com/feeds/2964457648534527972/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6024672889976694931&amp;postID=2964457648534527972' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6024672889976694931/posts/default/2964457648534527972'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6024672889976694931/posts/default/2964457648534527972'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://loslocostambiencreamos.blogspot.com/2010/07/la-utopia-del-nos.html' title='La utopía del nos'/><author><name>Larousse</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07450217480396708216</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_BjFSwTnw1dc/S8K0drBRVVI/AAAAAAAAAC8/s0peY8J7jew/S220/19042_1303778467543_1022920011_972367_1650040_n.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6024672889976694931.post-1840188495484261861</id><published>2010-06-30T23:18:00.001-05:00</published><updated>2010-06-30T23:18:31.171-05:00</updated><title type='text'>Cola de Gloria</title><content type='html'>&lt;p align="justify"&gt;&amp;#160;&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;La música empezó con un sonido retumbante de manos mestizas contra sendos cajones en un rítmico mover de brazos y destellar de sonrisas; abriendo paso a una infinidad de instrumentos de viento tan desconocidos ante la ley internacional como el proceder del pisco y su utilización en el peruano pisco sour. La música tomaba forma y se tambaleaba entre los sentidos de los muy cultos asistentes, que podrían reconocer una marinera hasta en partitura. La única persona que estaba fuera de lugar era la pobre Karol, concentradísima en el escenario y en su espera de que se abran las puertas y salgan los toros bravos y los audaces toreros, muy dispuestos a arriesgar su vida por conseguir un poco más de prestigio en su amada España; mas el lugar no se asemejaba a la tierra de los Reyes Católicos ni se dignaban las reses aquellas a aparecer en el contexto. Karol, indignada por la falta de acción, ya se estaba parando para salir de una vez y volver a su tierra natal antes de lo previsto, cuando el público empezó a gritar emocionado en un idioma que, por supuesto, no dominaba; y bien podrían haberle estado gritando que se quedase, por favor, que era muy linda como para irse; así que hubo de sentarse sonrojada a presenciar el espectáculo. La marinera continuaba con su curso sublime y Karol se cuestionaba acerca del motivo de todos esos vítores y aplausos. Movía sus ojos en todas las direcciones y seguía sin ver nada, sin sorprenderse como todos los demás. Tal vez entender castellano era un requisito, y ella hablaba su lengua natal a duras penas, nunca tendría la oportunidad de ver más allá del campo verde y de las aclamaciones, hacia ese animal que acababa de florecer del viento primaveral trujillano en una mañana despejada. De la brisa apareció una cabeza soberbia, con una cabellera blanca y lisa, y unos ojos que reflejaban valerosos la decisión de todo un ejército. Se mostró un lomo brillante y musculoso; unas piernas estiradas en posición triunfal y, para coronar, una ágil y viril cola meneándose gloriosa de lado a lado y azotando el florido viento. Jaque mate. Karol lo miraba anonadada y se preguntaba si era un semidiós, un equino o las dos cosas a la vez, sabiendo perfectamente que la única opción imposible era la de que fuera un simple caballito. Admiraba sus largas piernas, su amplio lomo blanco y sus ojos penetrantes; reconociendo a su chalán como el ser más afortunado del mundo. El ente se movía al ritmo de la música, que parecía compuesta a su medida, de la misma manera en que su única verdadera espectadora le seguía el juego con movimientos sutiles de cabeza, cuello y el resto del cuerpo. Continuaba con su baile, sin embargo, sin prestar atención ni reparar en Karol; se desplazaba por el césped con auténtica gallardía. Boquiabierta, Karol veía cómo le brotaban unas alas blancas y perfectas, mientras se deslizaba por los vastos espacios celestiales al ritmo de la música. Ella parpadeó por un instante y ahora lo veía sacudir el pañuelo y quitarse el sombrero de paja mientras relinchaba. El chalán sólo obedecía, movido por una sobrenatural mano invisible, más misteriosa que aquélla propuesta por Smith; ésta se desprendía majestuosa del lomo del caballo y manipulaba tanto a jinetes como al público en general; excepto a Karol, porque estaba desgeneralizada de tanto estupor. Los músicos tocaban, el chalán movía el sombrero como si fuese parte de su cuerpo, los espectadores aplaudían y ella no tenía idea de qué hacer por mientras. Prefirió mirar hasta el hartazgo de tanta belleza divina, y derretirse bajo el sol nublado por la majestuosidad durante lo que deseó que fuera el resto de su vida; mas la música hubo de terminar, y el público dejó de aplaudir acompasadamente para hacerlo a lo bruto, felicitándose a sí mismos por el gran logro de haber asistido a presenciar tal espectáculo. Ella sólo miraba al caballo agachándose para saludar, y él se agachaba para que le sigan aplaudiendo; mas al levantarse posó los ojos en la única que no batía palmas y sólo lo observaba, sin necesidad de desnudarlo con la vista, ya que no cargaba con vestimenta alguna. El caballo reparaba en aquellos ojos que lo miraban, al igual que Karol se alimentaba de aquellas centellas que reparaban en ella. El equino se acercó y le dijo, sin dejar de observarla, que se llamaba Emilio, pero fue en realidad el chalán, manejado por la mano invisible, quien pronunciaba dichas palabras, al seguir examinándola y notar su lindura, su inocencia y esos ojos que no se levantaban nunca del varonil rostro de su caballo. Ella le dijo que no hablaba español, Emilio, pero que sí entendía bastante inglés. Creyéndola tímida, el chalán la invitó a cenar algún día; y ella, suponiéndolo manejado por el corcel, le dio su dirección y teléfono. Con extranjero sonrojo, Karol sonrió y se fue.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;&amp;#160;&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Se oyó sonar un timbre, con los consecuentes pasos dirigiéndose hacia la puerta y los reclamos inentendibles de una voz femenina quejándose porque en su país sí hay intercomunicadores. Apareció una mujer de mediana estatura, de cabellera negra con rayitos postrada sobre una faz que equilibra la dulzura con la inocencia, y unos ojos abiertos en su máximo esplendor ante las rosas más hermosas que fueron alguna vez cortadas delicadamente con una tijera. Se escuchó un aria entre voz y relincho llevada por un fresco viento primaveral hasta una Karol petrificada, sin ver siquiera la multitud de curiosos que se aproximaba para descubrir qué planeaban tanto jinete como caballo en plena ciudad civilizada. “¡Acepta las flores!”, gritaban atragantándose con la emoción y la envidia de ver su sueño hecho realidad en otra persona. “Lo único que sé de ti es que has de tener el nombre más bello entre todos, compatible tan sólo con tu rostro”, dijo Emilio, el chalán, y dejó de arrepentirse por su discurso cursi al ver a Karol aceptando las palabras y flores por parte de Emilio, el caballo. A duras penas pudo agradecerle, pedirle disculpas por no haber mencionado su nombre y decirle que se llamaba Karol, sí, así como suena y con “K”; pero le aceptó feliz su oferta de llevarla cabalgando a Huanchaco para ver la puesta de sol e invitarle unos picarones. No tardó en subir en la montura ni en bajar porque se hubo olvidado de cerrar la puerta de la casa en la que se estaba quedando por esos días. Volvió a montar y partieron en dirección al balneario, guiados por un sol en su búsqueda interminable del mar.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;&amp;#160;&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Emilio le pedía que lo abrazase, y ella lo hacía de la única manera a su disposición: apretando las piernas contra la montura. El jinete, extrañado ante una respuesta tan inusual, se decidió por quererla aun más, y prefirió quedarse en silencio, escuchando su respiración entrecortada por su rara manera de sentarse. Ya cansada de hacer presión con las piernas, apoyó su cabeza sobre la espalda del chalán, cerró los ojos uno a uno, haciéndose una imagen del caballo en libertad, corriendo en un escenario verde, sin monturas ni jinetes que lo conecten con la realidad, entregado en espíritu sólo a ella; y permaneció callada hasta caer rendida en los brazos de Morfeo, o en el lomo de la bestia, en este caso.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;&amp;#160;&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Con su bandeja de picarones en una mano y la mano del otro en la otra, se sentaron ambos sobre la arena fría de la tarde, vigilando la creciente marea. Emilio el caballo estaba parado a su derecha, y Emilio el jinete se encontraba a su izquierda, concentradísimo en asirle la delicada mano que, por mala suerte, tenía conectada al resto del brazo. Su cabeza estaba tornada hacia la derecha, por supuesto, aprovechando para sostener un concurso de miradas con el equino. Eso era lo que se obligaba a creer, pues en verdad no podía despegar los ojos de los de Emilio, así como él no podía dejar de apreciarla en silencio. El jinete, por su parte, la sentía ya demasiado tímida, enojada incluso porque no se dignaba a verle la cara; solamente lo ignoraba mirando al lado opuesto; así que, en un intento desesperado, la cogió bruscamente de los hombros y la volteó hacia él. Karol, sorprendida, no hizo más que mirarlo con incierto interés, descubriendo los mismos ojos profundos y fuertes del caballo. Sentía como si él estuviese siendo manejado nuevamente por su corcel. “¿Dejarías que tus párpados te dominen por un instante, querida?”. Karol entendió inmediatamente la metáfora y bajó las persianas, esperando lo inevitable. La faz de Emilio se acercó a la de Karol, su mano rosó el rostro de su amada, y fundió los labios con los suyos. Ella no lo soltó hasta sentirlo relinchar dentro de sí, estiró los brazos y los colocó alrededor de su cuello, conectándose hasta saciarse de los labios del caballo a través de su humano, mas permanecía insatisfecha, aún necesitaba saborearlo un poco más; y así lo hizo hasta que se puso el sol, en el que ninguno de los dos reparó como habían previsto. Comieron dulcemente los picarones de su bandeja y regresaron a la ciudad, abrazados los tres.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;&amp;#160;&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Durante el viaje de vuelta, Karol pensó sobre su retorno al lugar en el que vio, por vez primera, luz; logrando cierto contraste nostálgico al fijarse en aquella luz postmeridiana tan hermosa que sentía sutilmente, con los ojos cerrados. Quería saber cómo reaccionaría su delicioso Emilio cuando le dijese que habría de regresarse ya muy pronto; tal vez accedería a acompañarla. Ella estaba más que dispuesta a casarse, incluso, pues en su país es legal el matrimonio con otros mamíferos. Tenía que ponerse seria, ya no era momento de no entender nada y sólo reírse. Ya se lo diría al día siguiente, por ahora prefería recostar su cabeza sobre el chalán, y estrechar las piernas contra Emilio; al menos hasta llegar a su hogar temporal.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;&amp;#160;&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Así de temporal esperaba Karol que fuera el mal humor del jinete, quien ya estaba diciendo incoherencias, y no le alcanzaba el tiempo a la pobre con el diccionario bilingüe. Ni una pizca de políglota tenía el imbécil cuando le subía la sangre a la cabeza; ella no lo aguantaba y de ninguna manera le explicaría, mediante charlas acerca de la ley de la gravedad, que lo mejor sería que se le regrese la sangre a su sitio y que te calles de una vez, &lt;i&gt;you idiot, &lt;/i&gt;que no estaba dispuesta a soportar tanta falta de respeto después de tal cariño excesivo del día anterior. Lo que le hubo pedido era escuetísimo, únicamente quería comprarle el caballo; no, sólo el caballo, te digo, no quiero el centauro completo. El humano de Emilio simplemente no parecía entender; Karol le hablaba sobre manos invisibles y él, en total desconocimiento. “Considerando que fuiste tan lindo ayer y que nos sentía tan conectados; todo para que hoy no entienda tu pésimo inglés, traducido en gritos bochornosos y desequilibrados”. Tampoco comprendía el asunto ese de que sólo era un medio utilizado por el animal suyo para comunicarse. ¡Tonterías! ¡Calumnias! Lacrimosa, Karol prefirió cortar el teléfono antes de escuchar el “ubícate”, que ya se veía venir.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;&amp;#160;&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Al menos había cumplido con su ideal de tener una aventura fugaz e internacional. Sus amigas no tenían idea de lo mal que hablaría del país cuando retornase. Indignada por la pésima hospitalidad, Karol abordó el ómnibus a Lima, para después tomar el avión que la dejaría en la puerta de su casa. No se decidía entre sentirse patriota o malhumorada, pero estaba segura de que tenía una horrible migraña. Sólo se sentó y se hundió en sus pensamientos, en el asiento reclinable. Al instante, encendieron el televisor; pasaron un &lt;i&gt;spot,&lt;/i&gt; publicitando la empresa de transportes, y una película de ésas tan malas que ni siquiera llegan al cine. No podría dormir, sin embargo, hasta que apagasen las luces. Para descompensar más su descompensación, el pasajero del asiento vecino llegó tardísimo, con varios maletines como equipaje de mano, incluso. Ella se sintió extrañadísima cuando le pidió, en su propio idioma, que le sostenga, por favor, este paquetito mientras coloco el resto de mi equipaje donde debe ser. Era una caja roja con las rosas más hermosas que fueron alguna vez cortadas; aunque las marcas del corte eran medio grotescas, en absoluto eran de tijeras, sino de algo menos uniforme; parecían hechas por los dientes de un equino. Instantáneamente, le empezaron a brillar los ojos, y buscó con la mirada el rostro del otro viajero. No era quien pensó, su rostro era claramente extranjero –tal vez del mismo país que ella, ya que hablaba su idioma–. De todas maneras, no era el jinete; él era totalmente diferente. Díjole que parecía extranjera, incluso del mismo país que él, y le preguntó si le gustaba la marinera. Extrañada, no hizo más que mirarlo, descubriendo en él unos ojos que reflejaban valerosos la decisión de todo un ejército. Karol pensó preguntarle su nombre, mas suprimió esa idea en el acto. Ella ya suponía cuál sería la respuesta. &lt;/p&gt;  &lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6024672889976694931-1840188495484261861?l=loslocostambiencreamos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://loslocostambiencreamos.blogspot.com/feeds/1840188495484261861/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6024672889976694931&amp;postID=1840188495484261861' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6024672889976694931/posts/default/1840188495484261861'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6024672889976694931/posts/default/1840188495484261861'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://loslocostambiencreamos.blogspot.com/2010/06/cola-de-gloria.html' title='Cola de Gloria'/><author><name>Larousse</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07450217480396708216</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_BjFSwTnw1dc/S8K0drBRVVI/AAAAAAAAAC8/s0peY8J7jew/S220/19042_1303778467543_1022920011_972367_1650040_n.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6024672889976694931.post-3340758876249739873</id><published>2010-04-12T00:47:00.001-05:00</published><updated>2010-04-12T01:06:58.854-05:00</updated><title type='text'>En la ducha</title><content type='html'>&lt;p align="justify"&gt;&amp;#160;&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Todos los días terminaban en la ducha. No cabía excepción, ni siquiera aquéllos de protesta, gritos y cachiporras. En especial, aquéllos. Como cuando su camarada padre despertaba con toda la voluntad de convertirse al comunismo y se acostaba tras un tibio baño de agua Evian, más burgués que nunca. Como aquéllos en que su madre volanteaba sus propios textos; inspirados casi literalmente en otros, por supuesto. Artículos magníficos contra los militares, la Reforma agraria y el oligopolio del San Agustín y el Buenos Aires. ¡Silencio, niña! ¡Presta atención a tu padre! Días de verdad eran ésos en los cuales salía con los compañeros a motivar a la ciudad con palmas apristas, y a sentirnos trujillanos y revolucionarios. ¡La Revolución, querida! ¡Qué bueno que la hayamos importado de Méjico! Pero tales días veían su ocaso en un buen burdel. Qué más da. Sí, la ducha. Como aquellos días en los que visitaba la tumba de su abuelo, cuyas jornadas eran eternas ya únicamente para darle la contra por haber muerto aprista, pero ajeno a la Revolución. Días filtrados por la coladera; vidas enteras drenadas hasta el desagüe.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;&amp;#160;&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Sebastián siempre pensó que su familia se había caracterizado por ser ideológicamente tardía. Lo comprobó cuando leyó los manuscritos de su madre, aún renegando de Velasco en pleno primer gobierno de Fujimori. Claro que no los revisó realmente sino hasta la primera década del 2000. Afortunadamente, evitó, sin querer ni saber leer todavía, la vergüenza de su infancia. Mas nadie notaba sonrojo en su rostro de marfil, pálido de anemia de justicia y de hambre de lentejitas de igualdad. Uno hojeaba &lt;em&gt;El Capital&lt;/em&gt; y se preguntaba cuántos hijos hacía falta tener para considerarse proletario, sin ser confundido con alguien del Opus Dei. La otra, por su parte, representaba incesantemente intensas batallas éticas y políticas en una hoja de papel; con su lapicero favorito chispeando en la mano izquierda; y la derecha, con los dedos extendidos y las uñas elegantemente mordidas para sopesar los vientos ideológicos. Su familia creaba un bello óleo, pero esas cosas eran de burgueses. Además, no tenían una chimenea para que combinase con el cuadro, ni podían permanecer quietos, puesto que el bebé no abandonaba el llanto. Ideológicamente tardía, pero unida, eso sí.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;&amp;#160;&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;Conmovido por el panorama que ofrecía la ventana, la cerró de un golpe al enfriársele la cara por el gélido viento. Era un largo camino el que recorrería el ómnibus; trochas interminables que se adentraban en la serranía de la región, perdiéndose en el cielo azul claro de una zona desconocida ya. Tan desconocida como la razón de su pésimo encuadramiento en el óleo inexistente de su familia, los de las ideas tardías. Un visionario en la familia, ¡qué decepción! Sebastián tomaba, más bien, como un delicioso designio del hado el haber resultado la oveja negra del rebaño –anárquico, sin pastor, evidentemente–. El primero con pensamientos adelantados a su tiempo del árbol genealógico: un quejicoso individuo al que efectivamente prestarán atención los libros de historia regional. “El adelantado don Sebastián”, se decía, y se rascaba la nariz por la rinitis. Sus ideas le habían arribado siempre antes de lo debido, o era ésa la explicación que siempre se daba para no frustrarse por el escaso apoyo que le era ofrecido en sus menesteres revolucionarios. ¿Era que a nadie interesaba el medio ambiente en Trujillo? La interrogante aquella rondó por su psique desde los días en los cuales se negaba a pisar las hormiguitas del comedor de su casa. Se sentía todo un Galileo en un mundo de fanáticos del geocentrismo. Era por eso que se había adelantado a su tiempo, ingeniándose hasta el tuétano para crear su propio y novedosísimo sistema de lucha: la protesta individual. Tal vez le resultaba poco factible el recolectar suficiente personal para unos buenos gritos en plena plaza mayor. Ingresar sin séquito al municipio, sin embargo, era lo ideal para un joven verde como él, con el interés fijado, más que en la fama o la opinión pública, en una concienzuda protección de la ecología. En incontables ocasiones se había entrevistado con el alcalde; bien se podría afirmar que había conseguido un acogedor grupo de simpatizantes entre los servidores públicos del lugar, que le demostraban su hospitalidad con cálidas sonrisas, rápidos trámites e inteligentes pedidas de mano para sus hijas.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;&amp;#160;&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;El transporte interprovincial avanzaba con cautela, a contados pasos del precipicio infernal que se avistaba al lado de la carretera; y con temeridad, al sortear hábilmente la infinidad de autos que se cruzaban por el camino. El chofer vociferaba una elocuente combinación de groserías y sandeces; mas sólo concernía a Sebastián aquello que se localizaba ya a pocos kilómetros del lugar, la razón de su intrépido viaje y de su dificultad al respirar: la minera. Hacía pocos días que había leído el interesante artículo de su madre, fundamentado en los alaridos antiburgueses del marido de aquélla, que trataba, con acento nacionalista, acerca de la incursión de este nuevo capital extranjero en una zona rica en oro de la sierra de La Libertad. Por supuesto que no se quejaría de la condición de trabajo de los operarios ni de sus magros salarios. La protesta individual de su vida trascendía los límites humanos e interorgánicos. Era un joven criado en verdes pastos, olfateando el perfume de las flores y embelesándose por su polinización. No sólo amaba las plantas; también las añoraba cada vez que atravesaba la selva de cemento y se adentraba melancólicamente en sus floridos recuerdos, hasta el punto de soltar silentes, pero lacrimosos suspiros al aire contaminado. ¿Quién sino él para quejarse? ¿Quién sino él para gritar? ¿Quién sino él para llorar? La idea de ríos ennegrecidos y de oscuros y nebulosos cielos se había tornado una gangrena que conquistaba paulatinamente su ser. Suspiro, quejido, grito; Sebastián percibía los gemidos a la distancia y los distinguía a la perfección: sonaban como picos, taladros y bonanza económica. Alguien tendría que cargar con su sangre hirviente, apasionada y, más importantemente, atormentada.&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;&amp;#160;&lt;/p&gt;  &lt;p align="justify"&gt;En un arrebato de pésimas aptitudes al volante, el conductor detuvo el ómnibus. A cuatro mil metros sobre el nivel del mar aún se sentía la brisa del mar, camuflada en un viento escarchado nocturno. Se escuchó la orden de descender del vehículo y un par de sinfines de pasos obedeciendo. Sebastián bajó el último, recuerda, con su misión y su ira materializadas en una marcha decidida de unos cuantos metros. Con su tiritar casi no se percibía sus lágrimas ni su sorpresa; una primera observación lo llevó a la conclusión de que todo había empezado ya. Los estridentes ruidos de máquinas le poblaban la cabeza adolorida casi tanto como las negras nubes, el cielo. Ahora, zumbidos y frío. Finalmente, otra larga visión del firmamento, impuro e impasible, y un gemido, acompañado de un golpe sordo. La multitud se aglomeró alrededor del joven desmayado, presa de la altura, las circunstancias y el desasosiego. El cielo soltó su llanto, habiendo considerado la imposibilidad de tal del ser inconsciente. Entre las gotas se oyó un canto prácticamente imperceptible que nadie escuchó: “Llora, pequeño, porque los héroes terminan yacientes. Grita, ratón, ya que son los gatos, tus presas. Suspira, Sebastián, pues el día ha acabado para ti, y el mundo no sabrá de tus palabras sino hasta mañana. Cae, lluvia, e intenta limpiar el hollín del lugar, a ver si puedes. Conviértete en un ángel y sacude, con tus alas húmedas, la escarcha de la faz del caído”. Puede que el sueño haya nublado ese recuerdo al joven, y es más que probable que lo niegue ahora, pero ese día terminó con la ducha más majestuosa que le hubiere empapado jamás.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;&amp;#160;&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;&lt;a href="http://lh4.ggpht.com/_BjFSwTnw1dc/S8K4F-YO1pI/AAAAAAAAADk/BsbK78icknY/s1600-h/dibujos-de-arboles%5B3%5D.gif"&gt;&lt;img style="display: block; float: none; margin-left: auto; margin-right: auto" title="dibujos-de-arboles" border="0" alt="dibujos-de-arboles" src="http://lh4.ggpht.com/_BjFSwTnw1dc/S8K4G6_KJ3I/AAAAAAAAADo/X-8afEcQ3Dg/dibujos-de-arboles_thumb%5B1%5D.gif?imgmax=800" width="235" height="244" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;  &lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6024672889976694931-3340758876249739873?l=loslocostambiencreamos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://loslocostambiencreamos.blogspot.com/feeds/3340758876249739873/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6024672889976694931&amp;postID=3340758876249739873' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6024672889976694931/posts/default/3340758876249739873'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6024672889976694931/posts/default/3340758876249739873'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://loslocostambiencreamos.blogspot.com/2010/04/en-la-ducha.html' title='En la ducha'/><author><name>Larousse</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07450217480396708216</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_BjFSwTnw1dc/S8K0drBRVVI/AAAAAAAAAC8/s0peY8J7jew/S220/19042_1303778467543_1022920011_972367_1650040_n.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://lh4.ggpht.com/_BjFSwTnw1dc/S8K4G6_KJ3I/AAAAAAAAADo/X-8afEcQ3Dg/s72-c/dibujos-de-arboles_thumb%5B1%5D.gif?imgmax=800' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6024672889976694931.post-8206661834732871073</id><published>2010-02-11T02:38:00.002-05:00</published><updated>2010-02-11T02:39:30.851-05:00</updated><title type='text'>Pedicura</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify" align="center"&gt;&lt;span style="';font-size:12.0pt;"&gt;&lt;/span&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span style="'font-size:12.0pt;"&gt;Brenda Delfín se quitó la pereza&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span style="'font-size:12.0pt;"&gt;botas calzadas partió a la aventura&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span style="'font-size:12.0pt;"&gt;su pie le dolía, tenía la piel dura&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span style="'font-size:12.0pt;"&gt;rápidamente limó su aspereza.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span style="'font-size:12.0pt;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span style="'font-size:12.0pt;"&gt;Con la brocha en mano, Brenda adereza&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span style="'font-size:12.0pt;"&gt;trazó hojas flotantes que el viento apura&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span style="'font-size:12.0pt;"&gt;fregoteó sus pies en el agua pura&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span style="'font-size:12.0pt;"&gt;y todo lo suyo, oliendo a cereza.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span style="'font-size:12.0pt;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span style="'font-size:12.0pt;"&gt;Quitaron pinzas lo que hubo sobrado&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span style="'font-size:12.0pt;"&gt;tijeras llegaron, quisieron cortar&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span style="'font-size:12.0pt;"&gt;aquel residuo con sumo cuidado.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span style="'font-size:12.0pt;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span style="'font-size:12.0pt;"&gt;Suspiro profundo casi al terminar&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span style="'font-size:12.0pt;"&gt;sonrió ella, fausta, por el resultado&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span style="'font-size:12.0pt;"&gt;ya sólo le queda esperar y secar.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6024672889976694931-8206661834732871073?l=loslocostambiencreamos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://loslocostambiencreamos.blogspot.com/feeds/8206661834732871073/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6024672889976694931&amp;postID=8206661834732871073' title='7 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6024672889976694931/posts/default/8206661834732871073'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6024672889976694931/posts/default/8206661834732871073'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://loslocostambiencreamos.blogspot.com/2010/02/pedicura.html' title='Pedicura'/><author><name>Larousse</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07450217480396708216</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_BjFSwTnw1dc/S8K0drBRVVI/AAAAAAAAAC8/s0peY8J7jew/S220/19042_1303778467543_1022920011_972367_1650040_n.jpg'/></author><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6024672889976694931.post-6703159586979742421</id><published>2010-01-24T10:27:00.001-05:00</published><updated>2010-01-24T10:30:15.173-05:00</updated><title type='text'>Significante: desgracia</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span style="'font-size:12.0pt;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;            &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span style="'font-size:12.0pt;"&gt;           Cualquier día de éstos me despierto por la mañana, la más ordinaria de todas, con mínimas esperanzas intelectuales y desaliñada apariencia; sin ánimos de superación, de leer, de escribir o de vivir. ¡Cuán nocivas llegan a ser las vacaciones en estos tiempos modernos! En todo caso –y en ninguno–, no intento forzar mi ventana porque, si bien hace calor, poco me importa. Doy tan limitado interés al viento como a la salud pública, al orden, a la felicidad ajena y a los niños que van corriendo por la calle y tocando timbres –los mismos idiotas que no saben que ahora todo el mundo tiene intercomunicador con cámara, sensor de movimiento, personalidad y hasta conexión unilateral con seguridad ciudadana, los bomberos y Pizza Hut, a quienes interesa menos aun–. Suspiro. Suspiro otra vez, para que el anterior se torne monótono y se arruine mi momento de originalidad. No me preocupo en girar la cabeza ni en sonreír, mi gesto de desánimo lleva semanas; y poco a poco, mientras se termina la canción, voy tendiendo mi cama y se prenden solas decenas de mechas en sendas velas alrededor de mi habitación. Surge en mí una idea curiosa, con todas las velas, gritos y animalitos muertos regados por ahí: realizar un ritual; mas la parafernalia me desespera, y no ando con ánimos de empezar a creer en asuntos que ni siquiera considero. No hay velas ya, ni las habrá en otro momento; sólo queda, retumbante en volumen bajo, la misma canción, rezando el último verso, que repitió desde el inicio (pues las canciones que escucho empiezan con el final, y terminan, naturalmente, con el último verso, sin créditos): “Si el trabajo es sano, que trabajen los enfermos”. Y eso me interesa tan poco, ay.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span style="'font-size:12.0pt;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span style="'font-size:12.0pt;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;            &lt;/span&gt;Enciendo el televisor, que, aunque teniendo cable, sólo cuenta con un canal. Hay un gordo ridículo en terno azul ensayando su cremación. Ni noto que vende un “picatodo” maravilloso ni descubro que el aparato sintoniza más señales. ¿Cuántos más como yo habrá en el mundo? A veces me tomo la molestia de pensar en eso y… no cabría más, ¡un asunto televisado pro-gente muerta!&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span style="'font-size:12.0pt;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span style="'font-size:12.0pt;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;            &lt;/span&gt;Los veo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span style="'font-size:12.0pt;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span style="'font-size:12.0pt;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;            &lt;/span&gt;El calor centroamericano parece colarse por los poros inexistentes de la pantalla; mientras arrojo el control remoto contra la pared y regresa, en una pieza, a mi lado. Hay un grupo de desconocidos luciendo pútrido talento desde un escenario en vivo pro-muertos; pero me perturba más no poder ver “Two and a half men”. Yo sólo pienso. Y estoy ahí.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span style="'font-size:12.0pt;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;&lt;span style="'font-size:12.0pt;line-height:115%;font-family:"&gt;¿Es la comedia humana divertida?&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;&lt;span style="'font-size:12.0pt;line-height:115%;font-family:"&gt;Pregunta confuso el host a la diva&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;&lt;span style="'font-size:12.0pt;line-height:115%;font-family:"&gt;Canto, no vengo por una diatriba&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;&lt;span style="'font-size:12.0pt;line-height:115%;font-family:"&gt;Desgracia ajena me hará conocida.&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span style="'font-size:12.0pt;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:35.4pt"&gt;&lt;span style="'font-size:12.0pt;line-height:115%;font-family:"&gt;Me veo. También estoy ahí, entre la multitud. Me encuentro sentado frente al escenario, de espaldas al sepelio. Soy uno con todos, me siento una célula en el concierto. Exclamo y vitoreo: ¡viva Haití!&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;&lt;span style="'font-size:12.0pt;line-height:115%;font-family:"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;&lt;span style="'font-size:12.0pt;line-height:115%;font-family:"&gt;Sintonizo los gritos, “¡mi hijo ha muerto!”&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;&lt;span style="'font-size:12.0pt;line-height:115%;font-family:"&gt;Una ronda de aplausos, “¡hay diez mil más!”&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;&lt;span style="'font-size:12.0pt;line-height:115%;font-family:"&gt;Mientras uno llora, ríen los demás&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;&lt;span style="'font-size:12.0pt;line-height:115%;font-family:"&gt;Cosecha de occisos en árido huerto.&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;&lt;span style="'font-size:12.0pt;line-height:115%;font-family:"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;&lt;span style="'font-size:12.0pt;line-height:115%;font-family:"&gt;&lt;span style="mso-tab-count:1"&gt;            &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="'font-size:"&gt;Ya no puedo seguir, el suelo tiembla y brota sangre. Salta del &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;parquet &lt;/i&gt;hacia mis pies y mi rostro. Por suerte tengo un cráneo: mi cerebro ha quedado intacto. No obstante, sonrío.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span style="'font-size:12.0pt;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;&lt;span style="'font-size:12.0pt;line-height:115%;font-family:"&gt;Levantóse el espectador más grande&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;&lt;span style="'font-size:12.0pt;line-height:115%;font-family:"&gt;Alzó la mano, creóse la puja&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;&lt;span style="'font-size:12.0pt;line-height:115%;font-family:"&gt;“Compasión por el ojo de una aguja,&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;&lt;span style="'font-size:12.0pt;line-height:115%;font-family:"&gt;Pues es mi amor motivo de desmande”.&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;&lt;span style="'font-size:12.0pt;line-height:115%;font-family:"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span style="'font-size:12.0pt;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;            &lt;/span&gt;¡Cállense todos! Ya no lo soporto. ¡Tras la tempestad viene la subasta! ¿Es que no lo ven? Perros políglotas rocían úrea sobre los rostros de desfigurados y desmembrados. Marcan el territorio ajeno rojos ríos; la rivera es un mercado. Y no me importa, veo los comerciales y consumo. ¿Cuándo cruzamos a la tierra del espejo?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span style="'font-size:12.0pt;"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span style="'font-size:12.0pt;"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;            &lt;/span&gt;Alguna vez me preguntaron cuál era la mejor oportunidad de negocio, y pequé de ignorante. Soy de la opinión de que ahora no cabe duda al respecto. Si el significante es la desgracia de una minoría, el significado es la gloria del resto. Harto, apago el televisor, mas la canción sigue, como tocadiscos rallado: “Si el trabajo es sano, que trabajen los enfermos”. Así que abro la ventana y respiro aire sin tierra.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6024672889976694931-6703159586979742421?l=loslocostambiencreamos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://loslocostambiencreamos.blogspot.com/feeds/6703159586979742421/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6024672889976694931&amp;postID=6703159586979742421' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6024672889976694931/posts/default/6703159586979742421'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6024672889976694931/posts/default/6703159586979742421'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://loslocostambiencreamos.blogspot.com/2010/01/significante-desgracia.html' title='Significante: desgracia'/><author><name>Larousse</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07450217480396708216</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_BjFSwTnw1dc/S8K0drBRVVI/AAAAAAAAAC8/s0peY8J7jew/S220/19042_1303778467543_1022920011_972367_1650040_n.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6024672889976694931.post-8141615297468001182</id><published>2009-08-09T17:44:00.007-05:00</published><updated>2009-08-13T01:01:22.575-05:00</updated><title type='text'>Oda al café (más bien, en prosa, pero poco elegíaca)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;(Añado este pseudo prólogo para aprovechar y agradecer pública e íntegramente a la persona que ha hecho posible la redacción de esta novísima creación mía, quien resulta ser, además, la más trinominal de las Marías: Kitty. Por tu espléndido desempeño en el trabajo de Calíope, te lo agradezco en mi mismísimo blog).&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;    &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;La mañana aún no se empezaba a vislumbrar. El ocaso ya ennegrecía los cielos anaranjados, en una fusión poco uniforme con un amanecer que nunca se hubo dado. Mi respiración entrecortada flaqueaba en un frío clima invernal, mientras que mi laringe se contagiaba del lúgubre gris de las edificaciones españolas, ahora más republicanas que nunca –y hasta con inclinaciones nacionalistas, diría yo–; expropiando los colores de mi aliento en nombre del bien común. Vapor de agua emanaba de la quincha y se concentraba en afear las esperanzas de vida de deliciosos materiales de construcción. Nunca se había sentido el rosado colonial tan plomo precolombino, descascarándose de las paredes paulatinamente. Mis pies se movían sin rumbo, al compás de los trocitos de pintura que iban cayendo de los muros. Me sentía enrejado en un callejón sin salida, en la mitad de la cuarta dimensión. Sin lugar a dudas, detesto los domingos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La humedad permeaba por mis poros, hacia el fondo de mi torrente sanguíneo. Pigmentos extraños se posaban en mis arterias y se adueñaban de mi corazón. Habría un motín interorgánico inminente contra el que no podría luchar. Mi bandera blanca suplicaba piedad en un bostezo, al tornarse alarmante la indiferencia del aire. Vapor, humedad, asma y tos. Me urgía llorar a la soledad, la lluvia y los caminos; pero los huesos húmeros me lo impedían. Así se abrió el telón para la llovizna eterna, sin aplauso ninguno, en un jirón perdido. Ni siquiera hacía ruido, el llanto del cielo. Las nubes eran tan grises como la vereda, con charcos desperdigados de ilusiones empapadas. Suspirantes, mis zapatos continuaron con su rumbo sin trazar; y morían los olores del camino –¡ay, sólo el agua sobrevivió!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Helios perdió la cordura, ciertamente, colocándose bajo la tierra, latente; pues las nubes no filtraban ni un atisbo de luz en su penetrante oscuridad dominical. Las carrozas celestiales se descarrilaban una a una, dejando caer aguaceros delgados de ruedas y caballos. Todo se estacionaba en un pasaje un tanto curioso y mínimamente húmedo. Su calzada y acera inexistentes colaban la visión de un pasado de líneas peatonales, con cuatro sujetos de trajes formales y peinados extravagantes transitando por ellas, casi flotantes. “Abbey Road”, me dije y apuré el paso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Otro callejón sin salida en mi vida, pensé; hasta que vislumbré el pequeño establecimiento al final, de letrero colgante en el techo y muy esparcidas baldosas amarillas por doquier. Amarillas, incluso, ajenas a la llovizna y a sus pseudo colorantes artificiales. Fue un cambio radical. De momento, el capitalismo asióme la mano y condújome a la entrada, que reflejaba un sol titubeante –pero estelar, a fin de cuentas–. Me despedí de París y de los aguaceros, e incluso sonreí por vez primera en el día, casi asumiéndolo sabático o divertido. A través de las ventanas, veía gente expresando sus vocales y mostrando la dentadura, amarillenta ya. Me sostuve con valor de un respiro y dejé caer mi mano en la puerta, sobre un cartelito que me pedía empujar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gélido aire acarició mi garganta hasta sentirme del todo noruego. Se cortó mi respiración entrecortada y se sujetó a un ritmo más normal. Un clima algo seco acondicionó mi cuerpo, sosegando mis revoluciones internas; creí haber retomado mi color original. Sentí secarse mi pantalón sobre una silla, mientras me sonreían detrás de un mostrador y alguien se me acercaba a preguntarme, con sus brillantes incisivos, qué era lo que deseaba. Descansar, suponía, mas el silencio no era una opción. Con toda la cordialidad del mundo había llegado otra persona, dispuesta a pelear por mi lugar. Ella también me miraba muy dentalmente; por lo que no dudé en invitarle a tomar algún asiento en la mesa diferente del mío.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con movimientos de mano innecesarios, pedí lo más expreso que hube podido encontrar; y dirigí mi mirada hacia la ventana, ahora lacrimosa por causa del clima; apoyando la mejilla sobre un puño e intentando –pero no logrando– recordar aquello que me afligía. El otro comensal improvisaba conversaciones que, a decir verdad, poco o nada me interesaban; yo sólo me concentraba en mis propias comunicaciones interneuronales, viendo gotas resbalarse por el vidrio y aterrizar en acogedores ladrillos amarillos. ¡Qué tranquilidad! ¡Qué reposo! Una cucharadita más de azúcar se dedicó a endulzar mis labios, que ya se conectaban con la taza humeante de espléndido olor. De mi bebida emanaban las más sabrosas y sofisticadas reacciones químicas, impresionando mis lagrimales y deleitando mi olfato. Sorbo a sorbo, todos reparaban en una subestimada elocuencia naciente. El café, pues, había convertido una mesa y dos sillas en una satisfactoria charla de hora y media. Una taza tras otra, los vocablos se sentían más naturales, y nadie se dignaba a prestar atención a las múltiples campanadas en la plaza porque nos hubimos quedado en solamente tres dimensiones. Era la mismísima esencia del buen humor, tostada y molida. Mis ojos se abrían más mientras mis ánimos regresaban a su lugar, al igual que los colores de la ciudad y de las demás personas. Ya no recuerdo de qué hablamos, pero lo sentí maravilloso e imperecedero. La verborrea sólo se detuvo cuando hizo lo mismo la llovizna, y el territorio colonial retornó a su tránsito peatonal usual, con los cuatro sujetos extraños incluidos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una sonrisa pagó mi deuda y, con la cabeza en alto, me volví a abalanzar sobre la misma puerta, que, en esta ocasión, me ordenaba jalar. Tomé otro respiro y, nunca más pusilánime, me dirigí a la calle.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6024672889976694931-8141615297468001182?l=loslocostambiencreamos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://loslocostambiencreamos.blogspot.com/feeds/8141615297468001182/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6024672889976694931&amp;postID=8141615297468001182' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6024672889976694931/posts/default/8141615297468001182'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6024672889976694931/posts/default/8141615297468001182'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://loslocostambiencreamos.blogspot.com/2009/08/oda-al-cafe-mas-bien-en-prosa-pero-poco.html' title='Oda al café (más bien, en prosa, pero poco elegíaca)'/><author><name>Larousse</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07450217480396708216</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_BjFSwTnw1dc/S8K0drBRVVI/AAAAAAAAAC8/s0peY8J7jew/S220/19042_1303778467543_1022920011_972367_1650040_n.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6024672889976694931.post-3345801149081702753</id><published>2009-07-10T00:10:00.002-05:00</published><updated>2009-07-10T00:12:19.055-05:00</updated><title type='text'>Contra la guerra, el servicio militar, entre otros</title><content type='html'>&lt;p&gt;No es un texto mío, sino de Boris Vian, aunque la traducción sí es mía (Galletita me debe dos soles); también la hubimos traducido en la clase de francés. Por el gusto de hacerlo, presento:&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;LE DÉSERTEUR - Boris Vian&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Monsieur le Président&lt;br /&gt;Je vous fais une lettre&lt;br /&gt;Que vous lirez peut-être&lt;br /&gt;Si vous avez le temps&lt;br /&gt;Je viens de recevoir&lt;br /&gt;Mes papiers militaires&lt;br /&gt;Pour partir à la guerre&lt;br /&gt;Avant mercredi soir&lt;br /&gt;Monsieur le Président&lt;br /&gt;Je ne veux pas la faire&lt;br /&gt;Je ne suis pas sur terre&lt;br /&gt;Pour tuer des pauvres gens&lt;br /&gt;C'est pas pour vous fâcher&lt;br /&gt;Il faut que je vous dise&lt;br /&gt;Ma décision est prise&lt;br /&gt;Je m'en vais déserter&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;(Señor Presidente,&lt;br /&gt;le hago una carta&lt;br /&gt;que usted leerá, tal vez,&lt;br /&gt;si es que tiene tiempo.&lt;br /&gt;Acabo de recibir&lt;br /&gt;mis papeles militares&lt;br /&gt;para partir a la guerra&lt;br /&gt;antes de la noche del miércoles.&lt;br /&gt;Señor Presidente,&lt;br /&gt;no lo quiero hacer,&lt;br /&gt;no estoy sobre la tierra&lt;br /&gt;para matar a esa pobre gente.&lt;br /&gt;No es para enojarle,&lt;br /&gt;hace falta que le diga,&lt;br /&gt;mi decisión está tomada,&lt;br /&gt;voy a desertar.)&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Depuis que je suis né&lt;br /&gt;J'ai vu mourir mon père&lt;br /&gt;J'ai vu partir mes frères&lt;br /&gt;Et pleurer mes enfants&lt;br /&gt;Ma mère a tant souffert&lt;br /&gt;Elle est dedans sa tombe&lt;br /&gt;Et se moque des bombes&lt;br /&gt;Et se moque des vers&lt;br /&gt;Quand j'étais prisonnier&lt;br /&gt;On m'a volé ma femme&lt;br /&gt;On m'a volé mon âme&lt;br /&gt;Et tout mon cher passé&lt;br /&gt;Demain de bon matin&lt;br /&gt;Je fermerai ma porte&lt;br /&gt;Au nez des années mortes&lt;br /&gt;J'irai sur les chemins&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;(Desde que nací,&lt;br /&gt;yo vi morir a mi padre,&lt;br /&gt;vi partir a mis hermanos,&lt;br /&gt;y llorar a mis hijos.&lt;br /&gt;Mi madre ha sufrido tanto,&lt;br /&gt;ella está en su tumba;&lt;br /&gt;se burla de las bombas,&lt;br /&gt;se burla de los gusanos.&lt;br /&gt;Cuando era prisionero,&lt;br /&gt;me robaron mi esposa,&lt;br /&gt;me robaron el alma&lt;br /&gt;y todo mi pasado querido.&lt;br /&gt;Mañana en la madrugada&lt;br /&gt;yo cerraré mi puerta&lt;br /&gt;en la nariz de los años muertos;&lt;br /&gt;iré por los caminos.)&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Je mendierai ma vie&lt;br /&gt;Sur les routes de France&lt;br /&gt;De Bretagne en Provence&lt;br /&gt;Et je dirai aux gens:&lt;br /&gt;Refusez d'obéir&lt;br /&gt;Refusez de la faire&lt;br /&gt;N'allez pas à la guerre&lt;br /&gt;Refusez de partir&lt;br /&gt;S'il faut donner son sang&lt;br /&gt;Allez donner le vôtre&lt;br /&gt;Vous êtes bon apôtre&lt;br /&gt;Monsieur le Président&lt;br /&gt;Si vous me poursuivez&lt;br /&gt;Prévenez vos gendarmes&lt;br /&gt;Que je n'aurai pas d'armes&lt;br /&gt;Et qu'ils pourront tirer&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;(Mendigaré mi vida&lt;br /&gt;por las rutas de Francia&lt;br /&gt;de Bretaña a Provenza,&lt;br /&gt;y diré a la gente:&lt;br /&gt;"Niéguense a obedecer,&lt;br /&gt;niéguense a hacerlo,&lt;br /&gt;no vayan a la guerra,&lt;br /&gt;niéguense a partir".&lt;br /&gt;Si hace falta dar su sangre,&lt;br /&gt;vaya y dé la suya,&lt;br /&gt;usted es un buen aporte,&lt;br /&gt;Señor Presidente.&lt;br /&gt;Si usted me persigue,&lt;br /&gt;avise a sus policías&lt;br /&gt;que no portaré armas&lt;br /&gt;y que podrán disparar.)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6024672889976694931-3345801149081702753?l=loslocostambiencreamos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://loslocostambiencreamos.blogspot.com/feeds/3345801149081702753/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6024672889976694931&amp;postID=3345801149081702753' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6024672889976694931/posts/default/3345801149081702753'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6024672889976694931/posts/default/3345801149081702753'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://loslocostambiencreamos.blogspot.com/2009/07/no-es-un-texto-mio-sino-de-boris-vian.html' title='Contra la guerra, el servicio militar, entre otros'/><author><name>Larousse</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07450217480396708216</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_BjFSwTnw1dc/S8K0drBRVVI/AAAAAAAAAC8/s0peY8J7jew/S220/19042_1303778467543_1022920011_972367_1650040_n.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6024672889976694931.post-2606178073431522971</id><published>2009-05-28T19:37:00.003-05:00</published><updated>2009-05-29T00:53:32.808-05:00</updated><title type='text'>La vieille femme du fauteuil à bascule</title><content type='html'>&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;Un chat noir est entré par la fenêtre inattendue d'une petite maison au milieu du néant. Il n'a pas laissé, apparemment, trace de son chemin ni de sa entrée dans cette hutte. Il a fait tout ce qui était possible pour ne pas faire bruit, et il s'est très discrètement déplacé par la chambre. Tout était foncé, le félin a dû profiter au maximum de sa vision nocturne pour ne pas être perdu dans le séjour réduit. Au peu de temps, il a senti une lumière vague provenant d'une pièce voisine; il n'a pas douté en aller faire des recherches, sa curiosité le dominait, c’était nécessaire savoir ce qui se trouvait de l'autre côté.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;         &lt;br /&gt;Il a marché un peu, alarmé par la noirceur du paysage, jusqu'à ce qu'il était assez près de la lumière pour voir avec davantage de clarté. Ce qu'il percevait, toutefois, ne lui était pas du tout agréable. Le petit animal n'était pas habitué aux visions come celle. Petit à petit, il a commencé à se rendre compte du lieu où il était trouvé: c'était une petite salle avec le sol de terre et des ornementations minimales, ne manquaient pas les tableaux avec des photos de gens qu'il ne reconnaissait pas. Il y avait aussi un groupe de morceaux de bois à manière de table, et un fauteuil à bascule improvisé en mouvant. Au chat ces meubles n'ont pas paru importants, mais il n'a pas tardé à remarquer le petit objet qui était familier: c'était une boule de laine. Le chat a bruyamment couru vers la laine et il s'est jeté sur elle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;            Il a ainsi joué pour le temps, jusqu'à ce qu'il ait remarqué que son jouet était relié avec quelque chose qui était trouvée en haut. Il a incliné un peu sa tête et il a pu voir une personne assise sur le fauteuil à bascule, en tissant un pull. Cet article était sale, avec de petits orifices dans le tissu et avec apparentement une longueur faute pour finir. La vieille femme était concentrée totalement dans sa tâche. L'animal a miaulé. La grand-mère a été surprise en entendant un tel bruit, et a décidé de baisser la vue. Elle a regardé le félin aux yeux, et celui-ci a pu voir à travers sa viande. Ils sont restés un moment en silence, donc chacun est retourné à ses activités, et ils ont laissé de s'immiscer dans la vie de l'autre. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La personne a signalé un collier dans le col du chat et a pensé qu'il devait appartenir à quelqu'un; à ses petit-fils, peut-être; elle ne savait pas, elle ne les connaissait pas. Lentement, elle a arrêté de se mouvoir -sans pouvoir éviter une réponse sonore de son fauteuil à bascule-. Elle a étiré un bras et elle a pris un tasse avec du lait. Avec prudence, elle a baissé le lait jusqu'où se trouvait son ami, et, avec un sourire de &lt;&lt;petit&gt;&gt;, elle lui a atteinte. Le chat était euphorique, il a fait mille révérences en signal de remerciement à son aimable hôte. Il a rapidement bu le contenu blanchâtre de la tasse; la désastreuse imitation de porcelaine était un peu maltraitée, mais ce n’était pas important. Les bêtes comme lui ne se rendent pas compte de détails superflus comme celui-là. Après son goûter, il a levé la face et a aperçu la face de la vieille femme: elle était très ridée et toute émaciée. Sa respiration était inconstante et elle montrait plus qu’un signe d'anémie. Le lait pouvait être tout ce qu'elle disposait le soir. Il ne paraissait pas l'importer, elle le surveillait souriant et très &lt;ta&gt;&lt;&lt;ta&gt;&gt;. Le chat a détaché un miaou et il a joué avec la boule de laine. Sa copine a repris son tissu interminable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Les heures se sont passés, mais la chambre n’arrêtait pas d'être tellement lugubre. L'animal a été fatigué de jouer et s’est calé sur les chaussettes avec de pièces de la femme. Il pouvait sentire comment la vie de la vieille femme s'échappait. Les deux ont cédé devant un rêve profond.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ils se sont réveillés et ils ont été à foncées devant la lumière timide pour tisser que, mal installé, accrochait du plafond. On n'a pas écouté ouvrir ni fermer la porte de la chambre, mais il était sûr que quelqu'un était entré. C'était un enfant bien habillé –il portait une chemise avec des fils d'or-. Le chat l'a reconnu et il a miaulé pour lui saluer. Il a souri, a autour regardé et, n'ayant vu rien, il a été préoccupé par le bien-être de sa mascotte. Indifférent au lieu où il se trouvait, l'enfant a marché jusqu'au centre du séjour, a pris le chat et il est sorti, en traversant le mur invisible, vers la lumière du matin qu’il connaissait si bien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La vieille femme du fauteuil à bascule a là suivi, en berçant et en tissant.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6024672889976694931-2606178073431522971?l=loslocostambiencreamos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://loslocostambiencreamos.blogspot.com/feeds/2606178073431522971/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6024672889976694931&amp;postID=2606178073431522971' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6024672889976694931/posts/default/2606178073431522971'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6024672889976694931/posts/default/2606178073431522971'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://loslocostambiencreamos.blogspot.com/2009/05/la-vieille-femme-du-fauteuil-bascule.html' title='La vieille femme du fauteuil à bascule'/><author><name>Larousse</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07450217480396708216</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_BjFSwTnw1dc/S8K0drBRVVI/AAAAAAAAAC8/s0peY8J7jew/S220/19042_1303778467543_1022920011_972367_1650040_n.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6024672889976694931.post-7997885927489086218</id><published>2008-09-14T17:30:00.001-05:00</published><updated>2008-09-14T17:32:22.699-05:00</updated><title type='text'>Ficción</title><content type='html'>&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Me despierto temprano e intento abrir la ventana. La ventana no abre, los vientos del exterior la han atascado; así que me decido a mirar hacia el exterior, a través del vidrio, mas no puedo encontrar exterior ninguno más allá del vidrio. Es más, me he dado con la sorpresa de que no es un vidrio, sino un espejo, uno que refleja lo que, por obvias razones, mi espalda no consigue ver. Al otro extremo de la habitación, el espejo muestra otro espejo, que, a su vez, refleja mi espalda… pero ésa no es mi espalda.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;En absoluto, ésa no es mi espalda, no la que yo conozco, al menos; no es la que he visto en fotos ni la que encontré en otros espejos. Poco importa si ésta es producto del reflejo sucesivo de dos espejos, de todos modos habría de ser la misma con la que siempre me he conocido. Esta imagen, sin embargo, no es real; y lo digo porque no coincide con la realidad, esto es, con la realidad que yo conozco: mi propia realidad, no la de los demás. Ahora bien, ¿es que la realidad de los demás no es real? La imagen que tiene el otro espejo de mi espalda no es la que tengo yo de la misma. Peor aun, el primer espejo ni siquiera tiene la más mezquina idea de mi espalda; ¿por qué? Mi realidad es real, la de los demás es una ficción; bastante lógico, pero si considero que, desde el punto de vista de otra persona, yo pertenezco a los demás –cuya realidad es ficticia–, mi realidad habría de ser, por su parte, tan ficticia como la de los demás.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;br /&gt; La ventana-espejo todavía no cede; parece que, mientras más fuerza le hago, más se atora y menos empiezo a ver el exterior de una vez. Mi espalda se mueve con todo el esfuerzo del mundo para abrir la ventana malnacida, pero lo único que logro es que el movimiento se refleje irregular en un teléfono malogrado de espejos reflejados en otros.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;br /&gt; Si yo me reflejo en los demás y mi realidad muta, ¿quiere decir que mutaré yo también en la ficción mía de los demás? Puede que eso (es decir, yo) dependa de la voluntad de cada persona que pertenezca al resto de la sociedad. Pero yo ya no soy más yo; soy una ficción versátil de mí mismo en los demás. ¿Por qué yo no soy yo en los demás? ¿Es necesario que sea diferente o, más bien, ficticio? ¿Es que los demás me han creado dentro de ellos porque ellos no pueden verme en mi realidad? Tal vez es más práctico que ellos no “me” consideren “mío”; “yo” soy suyo, y como tal, puedo mutar de acuerdo a su preferencia y, de la misma manera, pueden enviar a los demás un reflejo mío más tergiversado del que ellos tenían en primer lugar, logrando que los demás crean que “me” pueden ver; luego ¿la ficción que tengo de los demás muestra siquiera un anhelo de acercamiento a la verosimilitud?&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;br /&gt; La descarada todavía no se abre; no me queda de otra sino regresar a mi cama y olvidarme del exterior. Mi cama es como es: simple; no obstante, los espejos tienen otras ideas acerca de ella. Algunos le han cambiado de color; otros la consideran un camarote decoradísimo; mientras que unos últimos sólo ven una polvorienta bolsa de dormir. Ninguna de tales imágenes es mi cama, ¿qué hay de mi cama y yo?&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;br /&gt; Mi cama es mi cama, así de simple; mas para los demás, ésta es sólo una ficción de la original: desde una copia fiel hasta un engendro de la casualidad. ¿Cuál es el sentido de redecorar mi cama, esto es, crear una ficción simultánea a otra? La nueva ficción sería, sin lugar a dudas, completamente irreal. Si uno no conoce algo, entonces puede crear otra irrealidad dentro de la primera incertidumbre por mera practicidad o, simplemente, para sentirse mejor. Así, uno puede crear ficciones –irreales, valga la redundancia– de amistad, de cariño, de admiración, hasta de amor. ¿Por qué? Porque nos encontramos famélicos de cariño verdadero o, en el peor de los casos, de una ficción bastante creíble de cariño. ¿No es el cariño una categoría ideal, entonces, una estricta ficción? Es por su mismo carácter subjetivo que se ha de considerar que nuestras nociones de cariño, amistad, amor, etc.; pueden ser erróneas y que, por lo tanto, esperemos toda la vida nuestra ficción equívoca de amor (o de cualquier otro de los términos mencionados), la cual, consecuentemente, nunca arribará por nunca haber existido en la realidad de los demás.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;br /&gt; Sentado sobre mi cama, puedo notar un tercer espejo en la habitación, alejado de los otros dos. Éste es extraño, la imagen mía y de mi cama que emite resulta, de hecho, la yuxtaposición de mi cama y yo, estando yo sentado sobre ella, como sucede en mi realidad.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;br /&gt; Yo lo noto de lo más raro, aunque a los otros espejos no parece importarles. En la realidad existen espejos cuya ficción sea, sorprendentemente, verosímil, pero no totalmente real. El hombre, desde que nace, empieza a ser ficción de los demás; incluso antes, pues el concebido también es una ficción; hasta la ficción de la peregrina idea de que existirá vida en un futuro distante. Todos somos la ficción que tienen los demás de nosotros, más la ficción que tenemos de nosotros mismos, menos nosotros mismos. Y, si uno va más allá de la ficción de sí mismo hasta encontrarse con su realidad, entonces ésta colisionaría con la realidad ficticia que los demás tienen de uno. En otras palabras, al encontrar la realidad de uno mismo (y, por consiguiente, reflejarla), dicha realidad no resultaría más que una ficción para la ficción que los demás tienen de nuestra realidad, es decir, vendría a ser una ficción de otra ficción, por más verdadera que sea. Cabe afirmar, pues, que el hombre es ficticio desde la escueta idea de su existencia hasta su muerte; y se turna más ficticio aun cuando descubre que es real. Con todo esto, ¿podemos o no vivir de ficciones? Sí, en efecto, pero sólo si las aceptamos como tales: ficcionalmente reales. De esta manera, podemos tomar una ficción de amor como ficticia y saborearla como real, puesto que no hay realidad en un asunto ideal como el amor, tan solo subjetividad. ¿Para qué redactar un texto ficticio acerca de las ficciones? Para creérmelo más cada vez que lo leo, por supuesto; mientras más sentimos una idea como ficcionalmente real, menos ficticia y más real se vuelve.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;br /&gt; Mi ficción del viento termina y la ventana se siente liviana; así que procedo a abrirla para revisar, finalmente, el exterior; pero encuentro únicamente un bosque de espejos desconocidos que reproducen, sin lograrlo, el viento. Regreso a mi cama sin más y siento, como es, el viento contra mi cara.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6024672889976694931-7997885927489086218?l=loslocostambiencreamos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://loslocostambiencreamos.blogspot.com/feeds/7997885927489086218/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6024672889976694931&amp;postID=7997885927489086218' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6024672889976694931/posts/default/7997885927489086218'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6024672889976694931/posts/default/7997885927489086218'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://loslocostambiencreamos.blogspot.com/2008/09/ficcin.html' title='Ficción'/><author><name>Larousse</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07450217480396708216</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_BjFSwTnw1dc/S8K0drBRVVI/AAAAAAAAAC8/s0peY8J7jew/S220/19042_1303778467543_1022920011_972367_1650040_n.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6024672889976694931.post-352682651396107617</id><published>2008-07-02T00:15:00.005-05:00</published><updated>2008-07-02T00:34:35.433-05:00</updated><title type='text'>¿Tú conoces la Laguna de Yugawawa?</title><content type='html'>He de reconocer todo el derecho de autoría del mundo a la gran creadora de un texto casi irritante como éste, esto es, a la chica que se enamora de los personajes ficticios y quien, casualmente, se siente pseudo agraciada de vivir con las iniciales del pueblo; Patata. Es pintoresca, a su vez, la inspiración brindada por Ingrid, la hermana de Ana Patty, en su interminable afán de lograr algo que en realidad ignoro, pero que seguramente es rescatable por tratarse de ella, quien por causa de mi último texto, duda infundadamente de mi virilidad. A los lectores, les imploro no prestarle atención en absoluto. Aun así, presento este texto, ideado y redactado por, como mencioné previa y correctamente, Ana Patty. Ahora unas medidas de seguridad, como bien dicta el Código de Imperio de Medio Mundo (o debería hacerlo): "El uso prolongado del texto titulado '¿Tú conoces la Laguna de Yugawawa?', con &lt;i&gt;copyright &lt;/i&gt;y demás cursilerías, puede causar severas lesiones a la mente y/o al orden público". A continuación, el discurso que hube de escuchar hasta la locura:&lt;br /&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;span&gt;&lt;span&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span&gt;&lt;span&gt;&lt;i&gt;"Todos los años, pocos días antes de que empiece la primavera, en la Laguna de Yugawawa brotan capullitos de wawas que son llevados por los elfos a todos los lugares del mundo por agua, por aire o por tierra. El problema es que, a veces, algunos de los elfos no puede transportar a algunas de las wawas y ellas se quedan allí, en el valle que rodea la Laguna de Yugawawa, y se convierten en elfos que seguirán llevando a las nuevas wawas que broten de la Laguna de Yugawawa todos lo años, pocos días antes de que empiece la primavera, y las llevarán a todos los lugares del mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;He aquí el origen de la humanidad."&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Otra vez, y como ha de ser, reconozco la total autoría de este texto a su respectiva autora.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6024672889976694931-352682651396107617?l=loslocostambiencreamos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://loslocostambiencreamos.blogspot.com/feeds/352682651396107617/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6024672889976694931&amp;postID=352682651396107617' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6024672889976694931/posts/default/352682651396107617'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6024672889976694931/posts/default/352682651396107617'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://loslocostambiencreamos.blogspot.com/2008/07/t-conoces-la-laguna-de-yugawawa.html' title='¿Tú conoces la Laguna de Yugawawa?'/><author><name>Larousse</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07450217480396708216</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_BjFSwTnw1dc/S8K0drBRVVI/AAAAAAAAAC8/s0peY8J7jew/S220/19042_1303778467543_1022920011_972367_1650040_n.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6024672889976694931.post-6032015116168829812</id><published>2008-06-06T00:23:00.001-05:00</published><updated>2008-06-06T00:26:01.321-05:00</updated><title type='text'>Pasión beoda</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt; Felices conversábamos Thaís y yo sin parar sobre las cosas más cotidianas y con menos importancia que fueron dichas alguna vez en uno de esos micros azules que circulan por la calle un día mundial en el que Karol tiene razón. Los dos sanjosefinos nos regocijábamos con las anécdotas de la secundaria que no compartimos, mientras que el conductor nos mandaba miraditas desde su asiento, al costado de los nuestros, recordando seguramente a los hijos que nunca tuvo ni vio crecer. Después de todo, no había mucha gente a quien observar; el autobús estaba prácticamente vacío, pero se sentía copado de tanto carisma que desprendía nuestra conversación trivial y la consecuente miradita melancólica del conductor.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Habíamos salido de nuestra clase de francés de las ocho de la noche, desesperados por conseguir un transporte antes de que nos roben en esa zona tan atractivamente peligrosa y tan a las nueve y media, muertos de miedo. Yo la miraba, ella me miraba, y el conductor nos dejó de mirar para concentrarse en el camino y en los posibles pasajeros. Tan fuerte llegó a ser su poder mental que menos de cinque minutes se llenó el señor de clientes, y nuestra entretenida conversación pasó a segundo plano para el chófer y el resto del mundo. Nosotros continuamos desgastando nuestras cuerdas vocales a todo dar, percatándonos, por supuesto, de que ya no estábamos solos en el micro, sino que ya todos los pasajeros empezaban a sentirse apretados; excepto nosotros, que seguíamos cómodos en los asientos al costado del conductor.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Sin pensarlo dos veces –creo que ni siquiera lo hizo una–, ingresó un personaje más que pintoresco; nunca en mi vida había conocido a alguien que se tomara la ley de la gravedad tan a pecho. Entró tambaleándose, pues, y muy cortésmente verificó el interior del micro, su carismático chófer y nosotros; resultando con la galante decisión de pararse a mi lado y mirarme a la cara, a la mochila sobre mis piernas y a la intrépida Thaís, a la que ya le estaba dando mala espina el tipo este que recién había entrado y que qué se creía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Intimidado por mi compañera, el sujeto se concentró en mí y en el tubo vertical del que se sujetaba. Si supiera de night clubs y de bailarinas exóticas se me habría hecho de lo más conocida la dancita que ensayaba en el tubo aquél, con un movimiento incesante de piernas y un movimiento browniano del resto de su cuerpo; todo a un exquisito compás ternario, con un ritmo lento, romántico y somnoliento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces empezó con el cortejo, uno de los más raros de los que podría atestiguar. Colocó su pierna sobre un escalón del micro, cerca de la palanca de cambios y rozando mi pierna. Podía sentir cómo se paseaba velluda por el lugar, siempre sobándose con la mía con gran tino y delicadeza. No sabía qué decir en ese momento; opté por permanecer callado y aguardar la continuación de su baile afrodisiaco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Thaís estaba aburrida, viendo la noche por la ventana, suspirando por la fatiga y la monotonía del viaje en el micro azul. Entonces, mi vecino fijó la mirada en mis ojos inocentes, que se debatían entre abrírselos grandotes y cerrarlos de cansancio y monotonía. Él tomó la decisión por mí, acercando su broncíneo rostro a una distancia mínima del mío, concentrado en mirar, a través de sus párpados cerrados, cómo brillaban mis ojos únicamente para él. Podía sentir su aliento cálido sobre mí, con un delicioso olor a cebada; y su herbáceo perfume de ron de quemar. Sentía su respiración palpitante en mis orejas, casi en mi cuello; mientras mi piel se tornaba de gallina sin razón aparente. Así dispuso en separar sus labios carnosos y pronunciarme palabras casi inaudibles y sin sentido para todos los demás, excepto yo, que me negaré por la eternidad a considerarlas un simple y mundano ronquido; yo escuché un conjuro mágico, una promesa para siempre, ni yo sé lo que oí. Codeé a Thaís para pedirle su opinión acerca de aquellas palabras maravillosas, mas ella no se sentía en el cielo, y ya empezaba a mirar con miedo, asco y desprecio a mi nuevo amigo; cuando le dije que se calme, que pobrecito él, que no lo molestes, Thaís, ¿no ves que está parado tranquilito?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tras su cuasi declaración, comenzó a demostrarme su cariño. Resbaló una mano a través de su tubo-soporte hasta mi rodilla izquierda. Hacía unos movimientos rarísimos que no lograron más que hacerme adorarlo más; tanto que quité su mano de mi pierna y me cubrí con pudor y con mi mochila, azul también, con un bordado que reza “UPAO”. Por alguna razón extraña para mí, mi tambaleante compañero se mostró con un agrado extremo por los productos de la gran universidad aquella, e ipso facto, colocó su mano sobre la mochila, indirectamente sobre mis piernas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aprovechó para reanudar los rarísimos masajes, ahora a mi mochila y con más ganas de todo. Su mano la embestía con fuerza animal una y otra vez. El ritmo siguió aumentando; contraía y estiraba la mano; yo seguía inexperto, sin saber qué hacer. La fricción sobre la tela empezaba a derretir las paredes del micro; en buen momento se detuvo, con unas últimas contracciones orgásmicas con toda su somnolienta alma. Yo creo haber sentido un éxtasis equivalente, pero lo mío se dio muy revuelto y muy estomacal, llegándome a producir una pequeña acidez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de ese encuentro final, un pasajero decidió bajar del vehículo, así que el gran amante de mi mochila tomó su asiento, ya cansado; para alivio mío, de Thaís –quien por fin dejó de rechistar– y del conductor, que ya andaba horrorizado porque se encontraba fuera del horario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De esa manera, cambió el tubo por las cabeceadas y la respiración poco sonora al cerrar los párpados tras una jornada mesiánica, seguramente. El cobrador, sin embargo, se hubo propuesto no dejarlo en paz, y le exigió mil veces que pague su pasaje, y te dije completo, tú sólo me has dado cincuenta, todavía falta, ¡oye, flaco, despierta! Pero ¡ay!, siguió durmiendo; y en sus sueños le pagó más de la cuenta al cobrador que tanto lo fastidiaba y tan poco lo dejaba descansar justamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tan emocionante estaba el asunto que me sentí apenadísimo de haber llegado a mi paradero y de dejar a Thaís en el micro, con ese borracho tan carismático. Me despedí de ella y bajé, rumbo a mi casa, dándole una última mirada a aquél con el aliento a cebada fermentada y modales cariñosos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me sacudí todo el asco en la ducha ennoblecedora y lo recordé por vez final, antes de dormir y olvidarlo definitivamente. La melancolía me obligó a suspirar y a sentir en mí todo su perfume de ron de quemar. En el momento actual, en que redacto este texto, me doy cuenta de que nunca me podré sacar de encima ese olor suyo, y que viviré asqueado por el resto de mis días, porque alguna vez un borracho prácticamente se durmió sobre mi pobre humanidad, y rarísimo se puso cariñoso conmigo durante su sueño sagrado. ¡Ah, ese olor suyo!&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6024672889976694931-6032015116168829812?l=loslocostambiencreamos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://loslocostambiencreamos.blogspot.com/feeds/6032015116168829812/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6024672889976694931&amp;postID=6032015116168829812' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6024672889976694931/posts/default/6032015116168829812'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6024672889976694931/posts/default/6032015116168829812'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://loslocostambiencreamos.blogspot.com/2008/06/pasin-beoda.html' title='Pasión beoda'/><author><name>Larousse</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07450217480396708216</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_BjFSwTnw1dc/S8K0drBRVVI/AAAAAAAAAC8/s0peY8J7jew/S220/19042_1303778467543_1022920011_972367_1650040_n.jpg'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6024672889976694931.post-3354044307650732568</id><published>2008-05-11T00:54:00.000-05:00</published><updated>2008-05-11T00:55:08.195-05:00</updated><title type='text'>El ocho de mayo</title><content type='html'>El 8 de mayo&lt;br /&gt;Un plumón color rojo&lt;br /&gt;Le cayó a Camila&lt;br /&gt;Debajo del ojo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;POBRE, POBRE, AY POBRE CAMILA,&lt;br /&gt;POBRE, POBRE, LLORA CAMILA.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un plumón color rojo&lt;br /&gt;Alfredo lanzó,&lt;br /&gt;Desde la ventana&lt;br /&gt;A Camila golpeó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;POBRE, POBRE, AY POBRE CAMILA,&lt;br /&gt;POBRE, POBRE, LLORA CAMILA.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llora Camilita&lt;br /&gt;De tanto dolor.&lt;br /&gt;Tienes en la cara&lt;br /&gt;Un gran moretón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;POBRE, POBRE, AY POBRE CAMILA,&lt;br /&gt;POBRE, POBRE, LLORA CAMILA.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La gente se altera,&lt;br /&gt;El orden perdió,&lt;br /&gt;Rodean a Camila&lt;br /&gt;Como a una visión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;POBRE, POBRE, AY POBRE CAMILA,&lt;br /&gt;POBRE, POBRE, LLORA CAMILA.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En ese momento&lt;br /&gt;Llegó el profesor&lt;br /&gt;Vio a Cami llorando&lt;br /&gt;Y al baño la envió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;POBRE, POBRE, AY POBRE CAMILA,&lt;br /&gt;POBRE, POBRE, LLORA CAMILA.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llorando fue al baño&lt;br /&gt;Y rápido entró,&lt;br /&gt;Se lavó la cara&lt;br /&gt;Y todo pasó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;POBRE, POBRE, AY POBRE CAMILA,&lt;br /&gt;POBRE, POBRE, LLORA CAMILA.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El 8 de mayo&lt;br /&gt;Grabado quedó,&lt;br /&gt;Todos lo recuerdan&lt;br /&gt;Lanzando un plumón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;POBRE, POBRE, AL QUE LE CAIGA,&lt;br /&gt;POBRE, PORQUE UN PLUMÓN TE LANZAN.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6024672889976694931-3354044307650732568?l=loslocostambiencreamos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://loslocostambiencreamos.blogspot.com/feeds/3354044307650732568/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6024672889976694931&amp;postID=3354044307650732568' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6024672889976694931/posts/default/3354044307650732568'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6024672889976694931/posts/default/3354044307650732568'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://loslocostambiencreamos.blogspot.com/2008/05/el-ocho-de-mayo.html' title='El ocho de mayo'/><author><name>Larousse</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07450217480396708216</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' 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/&gt;estoy loco por ti.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6024672889976694931-4051186634039849327?l=loslocostambiencreamos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://loslocostambiencreamos.blogspot.com/feeds/4051186634039849327/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6024672889976694931&amp;postID=4051186634039849327' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6024672889976694931/posts/default/4051186634039849327'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6024672889976694931/posts/default/4051186634039849327'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://loslocostambiencreamos.blogspot.com/2008/05/catch-you-fanny.html' title='Catch you, Fanny'/><author><name>Larousse</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07450217480396708216</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_BjFSwTnw1dc/S8K0drBRVVI/AAAAAAAAAC8/s0peY8J7jew/S220/19042_1303778467543_1022920011_972367_1650040_n.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6024672889976694931.post-5304845887547542187</id><published>2007-12-12T14:12:00.000-05:00</published><updated>2007-12-12T14:16:35.843-05:00</updated><title type='text'>Mi encuentro cercano del tipo 47</title><content type='html'>Todos pensábamos que estábamos muy lejos de esto. Corrían rumores esporádicos por las aulas, unos silencios devastadores en los que nadie quería pensar. Paulatinamente, fueron aumentando; el mutismo nos empezó a asordar. Se acercaban cautelosamente mientras nadie los esperaba. De tanto en tanto, un iluso levantaba la mirada y no veía, ni olía, ni gustaba, pero sí lloraba. Estuvimos sentados todos en un jardín florido por demasiado tiempo; la mañana pasó, y transcurrió también la noche. Las flores se marchitaron y volvieron a brotar, algunas más hermosas, y otras, una tremenda porquería. La brisa soplaba y nosotros, sin percatarnos del clima, rodábamos una bola de nieve que nunca creció porque nunca fue invierno. Sin previo aviso, la bola de nieve se derritió, y, todos a la vez, volvimos a levantar la mirada, uno tras de otro, en fila india. El jardín ha crecido demasiado, llegó la hora de cosechar la caña de azúcar. Nadie lo quiere ni lo esperaba, mas el viento nos obliga a hacerlo. Nadie quería darse cuenta, pero déjenme decirles que el día ha llegado y es hoy.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de las motivadoras lágrimas de Teffy y la inmejorable comicidad de Javier, yo me había quedado sin palabras. Yo quería escribir algo como eso, pero totalmente diferente y sin nada que ver. No tenía idea de qué decir ni, menos aun, de cómo decirlo. Ella se quedó con las anécdotas del grupo, y él acaparó a los profesores; no quedaba nada ya. Era necesario pensar en algo que haya permanecido libre, inmaculado; fue entonces cuando lo pensé: nadie había hablado sobre la esencia de la promoción, ni sobre lo que está ocurriendo; cosas importantes, como sabrán, peldaños inevitables en una escalera de caracol. Que alguien abra la puerta del siguiente piso, pues, antes de que se oxiden los escalones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Recuerdan el primer día de clases? Todos engominadísimos hasta las cejas y más limpios que los carros del año de los que nuestros padres, muy orgullosos de ser socios del Country, alardeaban tanto. El anexo era una nueva experiencia, y no necesariamente todos estaban felices: algunos se indignaron por el abuso de poder, y otros, más anárquicos que nunca, reclamaron con los argumentos más sustanciosos que un seis añero podría alguna vez pronunciar. Tras una entrada triunfal en la Jerusalén de Los Tilos, y una didáctica primera clase, las lágrimas se convirtieron en sonrisas y en nuevos amigos; nunca más un rato aburrido ni un momento de ocio. Recuerdos así permanecerán siempre en la memoria de cada uno y, mejor aun, en la memoria del grupo. Por mi parte, me encantaría decir lo mismo, pero no puedo, entré en sexto grado. Y, sobre todos mis fraternales compañeros que no tuvieron la suerte de ingresar desde el primer momento, tengo la plena seguridad de que sienten lo mismo que yo: los recuerdos de los demás se han ido agregando (mas no sobrescribiendo) en nuestras particulares mentes. Es diferente a lo que sucedió cuando niños: no recordábamos nada de nuestra infancia, pero, al ver las fotos y oír las historias, empezamos a creer que lo recordábamos; los demás nos crearon nuevas memorias que, aunque no fueran ciertas, mi mamá y mi papá dicen que pasaron y punto. ¡Ya es tiempo de dudar! La burbuja de la falsedad se está reventando y su sonido es el rugir del mundo. Nosotros, sin embargo, decidimos creer en el anexo, en nuestros amigos, en la “Cueva del Diablo”, en el Teatro cuyo piso se parece al de la sala de mi casa, pero en grandote. Creer nunca fue una obligación, sólo una opción por la cual decidimos, y por la que me siento muy contento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Inevitablemente, pasaron los años y "Ahora conozco a todos los de la promo, mamá.",&lt;ahora&gt;&lt;ahora&gt; "¡Qué bien, hijito!". La promoción como tal fue formándose, aprendimos a contar hasta el cuarenta y siete; no teníamos idea de lo que significaba, mas lo empezamos a sentir: tenía que ver con los compañeros de clase, con los recreos, con las mamás del comité, con su inigualable eficiencia y con los sanguchitos que nos preparaban (o que mandaban a hacer, nunca lo sabré). Cada vez queríamos pasar más tiempo con nuestros amigos y menos con nuestros papás. Los padres estarían para siempre, pero a los amigos los cambiarían al Fleming o los mandarían a Lima; teníamos que estar preparados, y aprovechar todo el tiempo posible. Ahora sabemos que las familias felices son frágiles y que un taxi hasta el Fleming cuesta dos soles cincuenta porque yo nunca me subo a un micro. No obstante, no nos arrepentimos de todos nuestros momentos juntos, de nuestras alegrías ni de nuestras discrepancias. Ya no pensamos en palabra alguna, sólo en un número: 47.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Debemos pensar, a su vez, en lo que viene. Supongo que todos sabemos que una etapa está terminando, y que otra está a punto de empezar (excepto para los que ya iniciaron los cursos cero de la Yupién). Les ruego tener en cuenta lo que estamos dejando atrás: nuestros profesores, nuestros amigos, la cincuenta. ¿De verdad queremos dejarlos atrás? ¿No son ellos parte de nosotros? No tenemos por qué hacerlo. Un espacio mínimo en nuestra agenda ocupada con ocio y también estudio no nos costará demasiado; para los que están lejos, una llamada nunca duele, un mensaje de texto, no sé la Miss Mirtha, pero Fernando vive conectado en el Messenger. Nadie los está arrancando de nuestro ser, somos nosotros los que les estamos haciendo palanca, ¡muerte a Arquímedes! Dejemos de hacerlo, pues, y no olvidemos el matutino panorama del San José.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si levantamos nuestras caras y cesamos, por un instante, de observar cómo no pueden retroceder las manecillas de plata de nuestros relojes, nos daremos cuenta de que estamos rodeados de personas admirables, gente fuera de nuestros grupos que nos desea lo mejor, que también está preocupada por lo que le deparan el destino y la libreta. ¿Qué tan difícil nos puede resultar recapacitar un poco al respecto? Fue muy duro para mí. Yo solía decir que la unificación no valía la pena, que ya nada sería igual. Predicaba que nos reencontraríamos cuarentones ya, y que nos reuniríamos con nuestras familias como perfectos desconocidos para hablar de política; no tendríamos muchos temas de conversación en común y nos limitaríamos a tomarnos un tecito importado de no-sé-dónde-lo-que-importa-es-que-me-costó-caro. Sin embargo, tras la excéntrica visita de esa pareja de psicólogos New Age con dejo improvisadamente venezolano, pude abrir los ojos. El colegio termina, mas la cuarenta y siete sigue en pie; no somos nosotros los que nos quedamos sin el colegio, es el San José el que se queda sin nosotros. Seguiremos vivos como una unidad, sin importar lo que pase, estaremos ahí para apoyarnos mutuamente, como hermanos que, lamentablemente, no somos; y crucificaremos al antipromo al que se le ocurra levantar la mano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si es que les pido algo es que nunca dejen de buscar la felicidad, no importa qué la motive, pero no cesen su búsqueda. Más bien, díganme, ¿qué es la felicidad? ¿No es acaso un conjunto de alegrías? Y ahora, ¿cuántos momentos alegres hemos compartido como promoción? Muchísimos, sin duda alguna. Déjenme decirles, entonces, que ya hemos encontrado una felicidad, se llama “nosotros”. No han transcurrido tantos años en vano. ¿Se dieron cuenta de que ya encontramos algo? Me dirán que también hemos pasado por momentos desagradables, mas eso también forma parte de la felicidad; la felicidad no es perfecta, por eso es tan bella, ¡apreciémosla! Yo les agradezco por todo esto y les prometo que nunca me olvidaré de ustedes y que los seguiré queriendo, espero que sea recíproco. Toda esta vida ha sido y seguirá siendo nuestro encuentro cercano del tipo cuarenta y siete. Les deseo lo mejor y, otra vez, muchas gracias. (Ya pueden aplaudir)&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6024672889976694931-5304845887547542187?l=loslocostambiencreamos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://loslocostambiencreamos.blogspot.com/feeds/5304845887547542187/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6024672889976694931&amp;postID=5304845887547542187' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6024672889976694931/posts/default/5304845887547542187'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6024672889976694931/posts/default/5304845887547542187'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://loslocostambiencreamos.blogspot.com/2007/12/mi-encuentro-cercano-del-tipo-47.html' title='Mi encuentro cercano del tipo 47'/><author><name>Larousse</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07450217480396708216</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_BjFSwTnw1dc/S8K0drBRVVI/AAAAAAAAAC8/s0peY8J7jew/S220/19042_1303778467543_1022920011_972367_1650040_n.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6024672889976694931.post-7965182189998619142</id><published>2007-11-28T00:04:00.000-05:00</published><updated>2007-11-28T15:18:51.661-05:00</updated><title type='text'>La anciana de la mecedora</title><content type='html'>Un gato negro entró por la improvisada ventana de una pequeña casa en medio de la nada. No dejó rastro de su camino ni, al parecer, de su ingreso en la chocita. Hizo todo lo posible por no hacer ruido, y muy sigilosamente se desplazó por la habitación. Todo estaba oscuro, el felino hubo de aprovechar al máximo su visión nocturna para no perderse en la reducida estancia. Al poco tiempo, sintió una vaga luz proveniente de una pieza aledaña; no dudó en ir a investigar, su curiosidad lo dominaba, le era necesario saber qué se encontraba del otro lado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Caminó un poco, asustado, por la negrura del paisaje, hasta que estuvo lo suficientemente cerca de la luz como para poder ver con más claridad. Lo que percibía, sin embargo, no le era del todo agradable; el animalito no estaba acostumbrado a tales visiones. Poco a poco, empezó a darse cuenta del lugar en el que se encontraba: era una pequeña sala con piso de tierra y mínimos adornos, no faltaban cuadros con fotos de gente que no reconocía. Había también un grupo de pedazos de madera a manera de mesa, y, al costado de ésta, una rústica mecedora en continuo movimiento. Al gato no le parecieron importantes aquellos muebles, pero no tardó en notar un objeto menudo que le resultó familiar: era una bola de lana. De lo que había guardado silencio hasta ese instante, el gato corrió bulliciosamente hacia el estambre y ¡marramau!, se abalanzó sobre él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estuvo jugando así por un tiempo, hasta que notó que su juguete se conectaba con algo que se encontraba arriba; inclinó un poco su cabeza y pudo ver una anciana sentada en la mecedora, tejiendo una chompa. Esta prenda se encontraba sucia, con pequeños orificios en el tejido y con un aparentemente largo lapso para que sea terminada. La viejita se mecía totalmente concentrada en su labor. El animal maulló. La abuela se sorprendió al oír tal ruido, y decidió bajar la vista. Miró al felino a los ojos, y éste pudo ver a través de su carne. Permanecieron un momento en silencio, luego cada uno volvió a sus actividades, y dejaron de inmiscuirse en la vida del otro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La anciana advirtió un collar en el cuello del gato y pensó que había de pertenecer a alguien; a alguno de sus nietos, tal vez; ella lo ignoraba, nunca llegó a conocerlos. Lentamente, detuvo su silla móvil –sin poder evitar una sonora respuesta de su quejumbrosa mecedora–, estiró un brazo y asió una tacita llena de leche. Con prudencia, bajó la susodicha hasta donde se encontraba su huésped, y, con una sonrisa de "gatito, ¿tienes hambre?"&lt;gatito&gt;, se la alcanzó. El minino estaba eufórico, hizo mil reverencias en señal de agradecimiento a su amabilísima anfitriona. Bebió rápidamente el blanquecino contenido de la taza; la pésima imitación de porcelana estaba un poco maltratada, pero no le importaba; después de todo, es un animal, y las bestias como él prescinden de detalles superfluos como ése. Terminada su merienda, levantó el rostro y vislumbró la faz de la viejita: estaba muy arrugada y toda demacrada, su respiración era inconstante y mostraba más de un signo de anemia. Esa taza de leche podía haber sido todo con lo que ella contaba por la noche. No parecía importarle, ella lo miraba sonriente y muy "tu compañía es más que suficiente, michi"&lt;tu&gt;. El gato soltó un miau y volvió a jugar con la bola de estambre, mientras que su compañera reanudó su interminable tejido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasaron las horas, mas la habitación no dejaba de ser tan lúgubre. Llegó un momento en que el animal se cansó de tanto juguetear y se recostó sobre las medias parchadas de la anciana. Se podía sentir cómo se le escapaba la vida. Poco después, ambos cedieron ante un profundo sueño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Despertaron y se encontraron a oscuras ante la menguada luz del foco para tejer que, mal instalado, colgaba del techo. No se escuchó el abrir ni el cerrar de la puerta de la morada, pero era seguro que alguien había entrado. Era un niño bien vestido –una camisa con hilos de oro se quedaría corta frente a la ropa que llevaba el pequeño– y pulcrísimo al punto de inmaculado, el minino lo reconoció y maulló para saludarlo. Éste le sonrió, miró alrededor y, al no ver nada, se preocupó por el bienestar de su mascota. Indiferente al despoblado en el que se encontraba ésta, el niño caminó hasta el centro de la estancia, tomó al gato en brazos y salió, atravesando la puerta invisible, hacia la luz de la mañana a la que estaba acostumbrado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La anciana de la mecedora siguió ahí, meciéndose y tejiendo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6024672889976694931-7965182189998619142?l=loslocostambiencreamos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://loslocostambiencreamos.blogspot.com/feeds/7965182189998619142/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6024672889976694931&amp;postID=7965182189998619142' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6024672889976694931/posts/default/7965182189998619142'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6024672889976694931/posts/default/7965182189998619142'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://loslocostambiencreamos.blogspot.com/2007/11/la-anciana-de-la-mecedora.html' title='La anciana de la mecedora'/><author><name>Larousse</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07450217480396708216</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_BjFSwTnw1dc/S8K0drBRVVI/AAAAAAAAAC8/s0peY8J7jew/S220/19042_1303778467543_1022920011_972367_1650040_n.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6024672889976694931.post-3286890328574257827</id><published>2007-10-19T20:32:00.000-05:00</published><updated>2007-10-19T20:47:05.015-05:00</updated><title type='text'>No todos los dioses tienen buen gusto</title><content type='html'>&lt;span&gt;Tras un muy sensiblemente corto fin de semana de ésos que parecen haber finalizado antes de siquiera empezar, me vi atrapado en otro interminable lunes, día en que el trabajo se vuelve fatigante y en que el descanso sabatino se torna otra jornada de siete horas, pero multiplicada de lunes a viernes. Siendo así como hubieren de acaecer los diurnos eventos de nuestras vidas, esperamos ansiosamente a que llegue un momento de regocijo, algo lúdico y entretenido, un instante que nos hace darnos cuenta de que todo nuestro cansancio ha valido la pena, con tal de llegar, pues, a aquel dichoso evento; me refiero, como era de esperarse, al almuerzo. Y es que la hora de comer no es sino el alivio de nuestra agitada –aunque no necesariamente de todos –agenda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con el poco relajante quehacer cotidiano de cada uno de los seres humanos y demás habitantes del planeta que ya quisieran ser considerados pensantes, pero que no llegan, muy difícilmente, a más de una crema volteada mal servida –y esto es, bien podrían ser menos –, el momento de la ingesta de nuestros nutrientes –que, en ocasiones, más agravios nos causan que beneficios –es algo trascendental para nuestras vidas, o lo poco que queda de ellas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si bien en algunos hogares se recurre a la reconocida e improvisadísima oración para bendecir los alimentos, no tuve el agrado del caso, no arribando mis alimentos a la muy merecida concordia con lo divino, sacro y, probablemente, antiestadounidense. Fuera de aquella mención honrosa, me vi motivado a iniciar con el arte degustativo; era mi alimento, sin embargo, el que no se me era alcanzado. Una espera no muy larga procedió a mi ansiedad, acompañada de varios “ay, hijo, espera a que se caliente, pues” de mi digna progenitora, la cual, valiéndose de sus comunes ayes y amenes, hizo tardía la entrega de la no del todo bendita comida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hubo de llegar, de todas maneras, y yo, con todo el estremecimiento que se me hizo posible desde una de las incomodísimas sillas del comedor de diario, no pude aguantar la repetitiva y bisilábica réplica –interrogativa, por supuesto –“¿shámbar?”. Sí, era shámbar por donde se lo mirase –o la mirase, nunca se sabe del todo bien –, pero ¿otra vez? Sí, hijo, otra vez. Yo sé que todos los lunes comemos shámbar, ¡mas no es mía la culpa de que hoy sea lunes ni que lo haya sido también la semana pasada! Esos lunes, si no fuera por ellos, el domingo nunca se vería obligado a terminar ni a empezar una nueva semana. Ha de recaer en su conciencia que tantas personas odien su trabajo. No tengo idea de cuándo empecé a odiar los lunes… ha de haber sido en algún domingo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Retomando el tema, nos es fácil encontrar un vínculo pintoresco entre el día aquel y el platillo ese, dando como resultado una relación probablemente innecesaria e indiscutiblemente estúpida. Ahora, poniéndonos a tomar el asunto con un poco más de seriedad, no nos tardamos mucho en encontrarnos con ciertas interrogantes como “¿por qué se consume shámbar los lunes?”, “¿por qué no los viernes ni los 29 de febrero?”. Haciendo un poco de memoria, recuerdo pequeños fragmentos de mi ignorante infancia y unas cuantas de las sabias habladurías de mis ancestros, tales como “bueno, no tenemos chimenea, pero Papá Noel encontrará alguna forma de entrar, ¿no crees?”, “no se corre con tijeras… ¡te lo dije!”, “no, pequeño, no juegues con fuego y,,, ¡apaga a ese perro inmediatamente!” o, en este caso, “las menestras dan buena suerte si se comen los lunes”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Digamos que es afortunado comer menestras los lunes, es innegable que muchos venderían a sus hijos –o tal vez publicitarían universidades –con la meta de llegar a sus casas y ver un plato de menestras sobre su mesa; mas no me parece que no sea dichoso el consumirlas algún otro día de la semana. ¿Es que los puestos que las comercian en el mercado se ven acosados por los ávidos compradores durante un solo día de los siete? Ciertamente, no me parece muy razonable que digamos. En lo que a mí respecta, sería mucho más práctico ir en búsqueda de ellas un jueves o un viernes, mientras las tiendas estén vacías. Fausto sea, pues, aquél que, tras engullir las celebérrimas, no se sienta agobiado por los trastornos consecuentes. Y es el shámbar, con su altísimo contenido de menestras, el más agobiante y consecuente de todos los platos. Yo diría, entonces, que se hubiere de considerar afortunado al que haya consumido shámbar el lunes y que no haya tenido problemas durante el resto de la semana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De todo el misticismo implicado en la tradición antes expuesta, preferiría no hablar; no obstante, me veo obligado a profundizar en la susodicha. El shámbar, al igual que la sopa teóloga, es un plato tipiquísimo de Trujillo y oriundo de la cultura mochica, con posibles implicancias religiosas. Considerando al inmisericorde dios de dicho pueblo, Aipaec, me atrevo a afirmar que éste obligaba a su sometido caserío a consumir tales masticabilísimos brebajes; una obra de suma consideración dictatorial, sin duda alguna; y es que a ese tipo de dioses no les importa si es que sus acciones produjesen graves consecuencias gastrointestinales en los pobladores; a lo que vendría una respuesta como “sí, claro, sufran con sus dolores estomacales, decapítense y culpen a su dios, ¿acaso creen que no he escuchado sobre el apodo de El degollador que me han puesto?”. Siendo todos éstos unos artes macabros, he de detenerme en esta parte del ensayo para no encontrarme con otras maquinaciones –tal vez incluso maldiciones de cortesía –tenebrosas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sugerido, pues, por el mal gusto de nuestro inexperto &lt;i&gt;gourmet&lt;/i&gt; Aipaec, me dispuse a ingerir su tradicional sopa –si es que ésa es la denominación adecuada, lo cual ignoro y prefiero seguir desconociendo –con mi no tan tradicional nerviosismo, propio de las nuevas experiencias y de los &lt;i&gt;tests&lt;/i&gt; de orientación vocacional. Para sorpresa mía, de El degollador y de todo aquél que ose leer estas líneas, el almuerzo resultó, de alguna u otra manera, de un sabor agradable, rescatando, una vez más, las habilidades culinarias de mi madre (no, hijo, el señor de la tienda de al lado preparó el shámbar y me vendió un poco). Como sea que ocurran los hechos, si bien no todos los dioses tienen buen gusto, estoy empezando a recapacitar sobre las preferencias –casi una &lt;i&gt;delicatessen&lt;/i&gt; –del dios de los mochicas.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6024672889976694931-3286890328574257827?l=loslocostambiencreamos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://loslocostambiencreamos.blogspot.com/feeds/3286890328574257827/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6024672889976694931&amp;postID=3286890328574257827' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6024672889976694931/posts/default/3286890328574257827'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6024672889976694931/posts/default/3286890328574257827'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://loslocostambiencreamos.blogspot.com/2007/10/no-todos-los-dioses-tienen-buen-gusto.html' title='No todos los dioses tienen buen gusto'/><author><name>Larousse</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07450217480396708216</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_BjFSwTnw1dc/S8K0drBRVVI/AAAAAAAAAC8/s0peY8J7jew/S220/19042_1303778467543_1022920011_972367_1650040_n.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6024672889976694931.post-4131477542110290225</id><published>2007-09-28T23:09:00.000-05:00</published><updated>2007-09-28T23:13:02.270-05:00</updated><title type='text'>Eternamente señorita</title><content type='html'>Disfrutando de un veraniego día de tranquilidad, una jornada del tipo en que uno se estresa de tanto relajarse, fue justamente como cierta idea turbó mi mente. Los días se tornaban largos y monótonos, el otoño había de llegar. El sol, empero, no se dignaba a ocultarse, la típica mañana en que ya no quedaba nada más que hacer no concluiría nunca. El carruaje de Helios incluso daba la impresión de regresarse al palacio del este, mas no de avanzar en su ordinario recorrido. El tan ansiado verano se había vuelto ya rutinario y, por consiguiente, aburrido. La televisión por cable, más local que nunca, repetía las mismas películas, y los canales nacionales seguían estrenando filmes del noventa. No se podía hacer nada, los libros no huelen tan bien en el verano como lo hacen en la época de clases. Sólo quedaba ponerse a pensar, divagar a través de una cabeza aún vacía por la increíble carencia de experiencias y de conocimientos. Fue entonces que apareció, lo hizo más místicamente que el ser sobrenatural de mayor excentricidad en su manera de llamar la atención. Yo no sé lo que ocurrió, pero no puedo negar que estaba ahí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y es, pues, justamente algo de una complexión mistiquísima, una idea fuera de cualquier comprensión humana o extranjera. El horror que implica el tema se intensifica paulatinamente, dejando helado al más ducho de los historiadores y al más inverosímil de los chamanes. No me refiero nada más ni nada menos que al aliciente de la carrera de pedagogía. Yo pensaba que formar mentes jóvenes era, de por sí, interesante, pero encontrándome con tal motivación para nada mundana, me quedo indiscutiblemente anonadado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lamentablemente, funciona tan sólo con aquéllas que habríamos de llamar femeninas o, más usualmente, mujeres. Exacto, no es algo que los hombres podamos controlar, y es que cabe afirmar que, para algunas cosas, las mujeres están más preparadas y son considerables como el blanco adecuado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Resulta, aunque muchos no lo quieran aceptar, que las féminas, cuando profesoras, nunca pierden su dignidad de vírgenes. Y con esto no me refiero a que, en caso de que la hayan “extraviado” antes de conseguir su título, no la puedan recuperar; es tan milagroso el tema que puede devolverle el decoro a la más pecaminosa de las pedagogas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es, en efecto, difícil de entender cómo nuestras protagonistas, que oscilan entre la lascivia y lo angélico, pueden contar con el segundo título –segundo, pues el primero es el de profesoras –de señorita. Nos resulta tan cotidiano referirnos a la más desflorada de nuestras institutrices escolares como la “señorita Doncella”. Por supuesto, existen algunas que verdaderamente se merecen tal denominación; sin embargo, las excluidas de dicho conjunto abundan, considerándose, a su vez, a las felizmente casadas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo esto es considerablemente injusto, ya que existen grandes masas de lindas damiselas guardando celosamente su castidad, lo que nos puede resultar insólito, siendo esas dichosas cada vez menos. Ahora, para que este calificativo de sobrias les sea dado a las no tan pudorosas –en efecto, las verdaderamente dignas nunca faltan –protagonistas de nuestra elegíaca historia, hemos de encontrar cierto grado de corrupción en aquéllos que las denominan como virtuosas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No obstante, la ridiculez no termina en este punto; nuestras maestras no sólo son señoritas, sino también &lt;i&gt;misses&lt;/i&gt;, –como si fuesen modelos, inclusive –término estadounidensemente aplicado por la falta de creatividad criolla, y es que esto nos extraña de igual manera, puesto que los peruanos somos considerados como imaginativos y emprendedores; hemos iniciado, entonces, la empresa de importar señoritas norteamericanas e instalarlas cómodamente en nuestras profesoras, labor en la que somos extremadamente diestros. Más de uno se preguntará el porqué de este fructífero negocio mercantil con los Estados Unidos; yo muy tajantemente habría de responder que el país aquel es el que fija las modas de esta índole.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Habiéndome olvidado de cierto punto importante, me siento mortificado. ¿Acaso en ese infernal país no se les dice &lt;i&gt;Mrs.&lt;/i&gt; a las profesoras casadas, a las de avanzada edad o a las de dudoso pasado? En ese caso, ¿por qué no hacemos lo mismo? Es atroz, pues, que no sólo nos conformemos con ser alienados, hemos de expresarnos, además, alienadamente mal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Siendo el título de educadora el importado equivalente de la fuente de la eterna virginidad, deberíamos considerar al menos un poco lo expuesto previamente, para así estancar un poco el vertiginoso progreso de nuestra estupidez. Por el momento, lo único a mi alcance es recomendar a los hombres que buscan desposar doncellas a –mejor aun –conseguirse, bajo cualquier medio, una &lt;i&gt;miss&lt;/i&gt; propia.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6024672889976694931-4131477542110290225?l=loslocostambiencreamos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://loslocostambiencreamos.blogspot.com/feeds/4131477542110290225/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6024672889976694931&amp;postID=4131477542110290225' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6024672889976694931/posts/default/4131477542110290225'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6024672889976694931/posts/default/4131477542110290225'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://loslocostambiencreamos.blogspot.com/2007/09/eternamente-seorita.html' title='Eternamente señorita'/><author><name>Larousse</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07450217480396708216</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_BjFSwTnw1dc/S8K0drBRVVI/AAAAAAAAAC8/s0peY8J7jew/S220/19042_1303778467543_1022920011_972367_1650040_n.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6024672889976694931.post-486572800354930489</id><published>2007-09-07T23:23:00.000-05:00</published><updated>2007-09-29T22:52:37.054-05:00</updated><title type='text'>¡Silencio, que lo despiertas!</title><content type='html'>Disfrutando de un nutritivo platillo peruanamente oriental denominado Lomito saltado, y cocido con la receta especial de la familia Hurtado Ravelo –y, posiblemente, con influencias foráneas en lo que respecta a la preparación del susodicho –, se podría decir que fue servido este tema en la interminable cháchara presobremésica, es decir, en pleno arte degustativo. Y no es que sea algo que no hayamos ideado previa ni separadamente, sino es, para variar, un pensamiento del tipo que aparece y es reemplazado inmediatamente por otro considerable de mayor relevancia, pero que, a fin de cuentas, es otra de nuestras estupideces. Éste es un tema que puede resultarnos de un innecesario raciocinio, mas alguien habría de preguntárselo algún día, ¿cierto?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La premisa es la siguiente, Dios creó el mundo en seis días, según la creencia popular. Con lo poco vasto que considero mi conocimiento, al menos sé que es una idea que circula a vox populis en el farandulero ámbito de la vida cotidiana. Seis días fueron todo lo necesario para crear un universo. Teniendo en cuenta que Roma no se construyó en ocho días, seis han de parecer un terrible abuso de poder y explotación en cualquier sistema económico; sin embargo, Dios, siendo todo un emprendedor, posee su propia empresa, por lo que el exceso de trabajo es excusado únicamente por el hecho de que Él es su propio superior. Sobre la explotación divina no habré de hablar, pues el protagonista este de nuestra historia –y de más de las alguna vez imaginadas –obra de manera misteriosa y, del mismo modo, se sobrecarga y estresa. No dudo que más de uno se sentirá agradecido a Dios tras la lectura de este escrito, específicamente aquéllos que comercian con los productos para combatir el estrés. Llegaría a ser innegable, entonces, que el estrés sea sólo la egoísta creación de Dios para sentirse humano. Para el que sienta la necesidad de comprobarlo, le propongo intentar crear un universo en unas simplísimas seis jornadas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al darle una leidita a la linda leyenda urbana sobre la aparición de todo lo que conocemos –desde un punto de vista diferente al de Stephen Hawking, por supuesto –, podemos darnos cuenta de que hay cierta porosidad por la que gotean algunas piezas de información. Por ejemplo, bien dicen que el que habita en el penthouse creó a todos los animales en el quinto día. Todos los animales implica –a mi parecer, demasiado generalizado para cualquiera –, a los terrestres, aves, acuáticos, políticos e incluso a los dinosaurios. Ahora, si el hombre entró en escena en el sexto día, ¿tuvo acaso un encuentro cercano del tipo paleontológico? La respuesta es simple, el ser humano nunca tuvo una relación –ni menos aún, intimidad –con dinosaurio alguno. De esto se puede deducir que estos seres se extinguieron entre el quinto y el sexto día. ¿Y hace cuánto tiempo se celebró el funeral del último de los amigos de Pie Pequeño? Si mi memoria no me falla –lo que es, en extremo, probable –, en mi educación primariosa me enseñaron que fue hace 65 millones de años. No creo que haya avanzado tan rápidamente un millón más de años –aunque, considerando que ya se acabó mi vida escolar, toda la fluidez temporal es posible –, por lo que osaré utilizar las mismas fechas que emplearon mis empolvados profesores de nivel elemental. De todo esto, podemos entender que los días divinos no son más que una manera de expresarse sobre una cantidad de tiempo mucho mayor que la estadía del señor Murgia como alcalde trujillano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Retomando las valoradísimas fábulas, y considerando estos extensísimos días laborales del cielo, Dios descansó en el día sétimo. Pues bien, todos merecemos unas vacaciones de vez en cuando tras toda una semana de frustrante autoexplotación causada por el abominable impulso de emprender excitantes travesías creativas comparables, únicamente, con aquéllas producidas por el consumo de alucinógenos. Si decimos “descansó”, significa que esa acción ya comenzó, por lo que no podríamos afirmar que nos localizamos en el sexto día. Hemos de tener en cuenta que cada día dura muchos millones de años, puesto que tenemos pruebas lo bastante contundentes como para convencer al tribunal más escéptico que nos puedan proporcionar. Si cada jornada dura tanto tiempo, ¿cuánto tiempo duró el sétimo día? Reflexionándolo un poco, podemos concluir con que no fue el tiempo necesario o, incluso, que aún no ha terminado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si el sétimo día sigue sucediéndose, Dios continúa con su sueño reparador; luego, no se puede percatar ni hacer nada al respecto de todos los problemas que a la humanidad amenazan, siendo ella misma uno de los principales. ¿No es más fácil entender, con lo previamente explicado, por qué la vida tiene tantas vicisitudes? Es doloroso afirmarlo, sí, pero más de uno lo ratificará. Si Dios permanece bajo un trance hipnótico, el existir cobra más razón, el sufrimiento se torna comprensible y el amor se dilata. Si Dios sigue durmiendo, hagamos silencio para evitar despertarlo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6024672889976694931-486572800354930489?l=loslocostambiencreamos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://loslocostambiencreamos.blogspot.com/feeds/486572800354930489/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6024672889976694931&amp;postID=486572800354930489' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6024672889976694931/posts/default/486572800354930489'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6024672889976694931/posts/default/486572800354930489'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://loslocostambiencreamos.blogspot.com/2007/09/silencio-que-lo-despiertas.html' title='¡Silencio, que lo despiertas!'/><author><name>Larousse</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07450217480396708216</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_BjFSwTnw1dc/S8K0drBRVVI/AAAAAAAAAC8/s0peY8J7jew/S220/19042_1303778467543_1022920011_972367_1650040_n.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6024672889976694931.post-2252090192611685145</id><published>2007-09-06T18:27:00.000-05:00</published><updated>2007-09-06T18:29:25.701-05:00</updated><title type='text'>Monólogo matutino</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Es ese sonido nuevamente. Recuerdo que, cuando me regalaron ese reloj por mi cumpleaños, me gustó mucho. Era de un bonito diseño y además, azul, mi color favorito. Siempre me ha encantado ese tipo de relojes, los que son con cuerda y para mesitas de noche. Tiene dos piezas de metal en la parte superior y, entre ellas, un pequeño martillo de acero, con el que funciona como campana. Las manecillas brillan en la oscuridad y, con cada segundo que pasa, resuena aquel infame tic-tac por toda la casa. Cada noche tengo que darle cuerda; de lo contrario dejaría de funcionar y yo de despertarme temprano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recuerdo muy bien la escena de ese día de mi cumpleaños. Estaba toda la familia reunida, con mis abuelos y mis primos. Mi mamá había preparado otro de los manjares que hacía para las reuniones; siempre quise que cocine así todo el tiempo, pero, por alguna razón, su menú cotidiano nunca ha sido tan exquisito. Todos los invitados conversaban. Yo, por mi parte, estaba jugando con mis primos cuya edad comparto. Jugábamos “Matagente”, una práctica recreativa imprescindible para unos infantes como nosotros. Nunca fui bueno en eso, pero nunca hubo ocasión alguna en que yo me pierda de una partida del juego aquel. Entonces, apareció mi padre –muy elegante, como siempre- y nos hizo desfilar en fila india hasta el comedor. Todos se pusieron alrededor de la mesa y yo, por supuesto, en el centro, delante de la torta. Obviamente, con una familia tan… ligeramente inmensa como la mía, era imposible reunirse todos en torno a la mesa y vivir para contarlo. Sin embargo, apretados como estaban encendieron las seis velitas sobre la torta y empezaron a cantar. Hasta ahora, la percepción que tengo sobre esa letra es increíblemente vaga. Me refiero a la famosísima canción del “Happy Birthday”, por supuesto, o más bien, “Japi Berdei”, como es conocida por estos rumbos. Siempre me he preguntado el porqué de esa canción en el país. Siendo una república hispanohablante y teniendo la posibilidad de cantar la no tan popular “Porque es un buen compañero”, resultamos siempre con la melodía aquella, que de melodiosa no tiene nada, de armónica, menos, y de inglés, peor. Por eso prefería las grabaciones de la canción que tienen las animadoras en sus discos, junto a las tonaditas de “Barni” y las de las películas de “Dysney”; aquéllas reproducidas de una manera medianamente aceptable y con un inglés para nada bueno, pero mucho mejor que el de las mamás y las tías que siempre dan la voz en dicha canción grupal. Y, sin más preámbulos, dieron inicio a su hecatombe, sin darnos opción para prepararnos para la guerra musical que nos tocaba vivir ese día. Nunca he sabido qué es lo que se supone debe hacer el festejado durante esa suerte de marcha fúnebre, pero yo, como buen niño de seis años ignorante de las costumbres relativas a mi onomástico, era de los que prefería aplaudir y ver a los demás mientras entonaban la canción que sus padres les habían enseñado, y que bien podría tener algún mensaje subliminal relativo al demonio, al uso de drogas o, en todo caso, a los dos. Yo estaba, como siempre he estado y estaré, preocupado por las velas que se derretían paulatinamente, dejando un rastro considerable de cera sobre mi preciada e inocentísima torta. Hacía pocos días me había quemado con cera durante un apagón. Tuve que movilizar una vela blanca en mi mano; lamentablemente, estaba encendida y mi mano en una posición ideal para recibir las secreciones blanquecinas de la vela. Por todo esto, podía comprender los sentimientos de mi torta, cuyo martirio habría de terminar después de aquella presentación de Heavy metal o, como había oído en la televisión, después de que cante la gorda. Y, habiendo muchas damas con tales características en la reunión, no pude evitar que mi rostro dibujase una sonrisa. Finalizando con ese afrodisíaco despliegue de talentos, me dijeron que apague las velas y que pida un deseo. Mi deseo fue, por supuesto, poder apagar todas las velas de un solo intento. Desafortunadamente, las velitas eran del tipo que se vuelve a encender, por lo que tuve que tratar varias veces más para apagarlas y, por consiguiente, tuve que esperar un largo año para poder pedir otro deseo. Entonces, empecé a preocuparme por la veracidad de mi profecía. Tenía el presentimiento de que habría de llevarse a cabo esa misma noche. Mi madre tomó un cuchillo de la cocina y caminó lentamente hacia mí. Su mirada fulminante me dejó paralizado mientras ambos esperábamos el fin. Los espectadores empezaron a hacerle vítores, como si estuvieran desesperados por presenciar aquella sangrienta escena. Todos teníamos los ojos puestos sobre ella y su letal arma hasta que, intempestivamente y con tal número de testigos, bajó el cuchillo y cometió ese crimen. Yo no pude soportarlo. Caí a los pies de mi progenitora, quien tan rápidamente como ejecutó tal atrocidad, me sentó en un sillón. No me podía calmar, sentía un terrible dolor en el alma que no habría de atenuarse con juguito de manzana ninguno. Un rato después, llegó mi mamá; pero no estaba sola, se encontraba con mi gran amiga o, mejor dicho, con un pedazo de ella. Fue un hermoso reencuentro, pero no duró mucho, pues no me tardé en terminar mi tajada de torta. Lo sentía mucho por ella, pero era su culpa por estar tan sabrosa.&lt;br /&gt;—Ahora los regalos— dijo mi papá —Ya es tarde y Sebas tiene que irse a dormir—. No tuve inconveniente alguno en esa parte de la ceremonia. Es más, era mi parte favorita. El primer regalo fue un champú; luego vino una infinidad de polos y, después de repetir un millar de veces que no me gusta que me regalen ropa, vino el regalo de mis padres. Estaba envuelto en papel de regalo verde y tenía un lazo rojo. Ignorando la similitud con la decoración navideña, lo abrí. Era un reloj de cuerda; el que había visto en la repisa de esa tienda del centro de la ciudad y que incansablemente había pedido a mis padres. Me gustó tanto el regalo que me despedí rápidamente de todos los invitados y me dirigí hacia mi habitación. Lo puse a la hora, le di cuerda y lo coloqué sobre mi mesita de noche, sobre la que sigue hasta el día de hoy.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6024672889976694931-2252090192611685145?l=loslocostambiencreamos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://loslocostambiencreamos.blogspot.com/feeds/2252090192611685145/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6024672889976694931&amp;postID=2252090192611685145' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6024672889976694931/posts/default/2252090192611685145'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6024672889976694931/posts/default/2252090192611685145'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://loslocostambiencreamos.blogspot.com/2007/09/monlogo-matutino.html' title='Monólogo matutino'/><author><name>Larousse</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07450217480396708216</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_BjFSwTnw1dc/S8K0drBRVVI/AAAAAAAAAC8/s0peY8J7jew/S220/19042_1303778467543_1022920011_972367_1650040_n.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6024672889976694931.post-653736472370630242</id><published>2007-08-27T01:26:00.001-05:00</published><updated>2007-09-21T02:17:44.466-05:00</updated><title type='text'>El corazón es para el anticucho</title><content type='html'>Antes de empezar con mis estupideces, me siento moralmente obligado a revelar cierto fragmento de información. Si bien no es la gran cosa, es algo de suma importancia para el desarrollo de este debate unipersonal. Sin más preámbulos, he aquí lo prometido, algo que ha de cambiar la vida de más de uno: me gusta más el anticucho de corazón que el de molleja.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy mismo, en lugar de hacer lo que de verdad debería haber estado haciendo –en realidad, estaba oyendo misa, aunque suene extremadamente raro tratándose de mí; era por el aniversario de muerte de mi bisabuela, algo a lo que no podía faltar –y saliéndome, para variar, de mis pensamientos ordinarios, aproveché el sermón para poner mi mente en blanco y dejar que se llene, paulatinamente, de pensamientos. Como era de esperarse –ya que este escrito es la viva prueba de lo que voy a decir –, se me ocurrió algo –a decir verdad, dos algos –que me pareció interesante, pero que ya hube pensado con anterioridad. ¿Tiene algo que ver el corazón con los sentimientos?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Analicemos algunos de sus usos, empezando por el de “es una persona de buen corazón”. Esta expresión está muy relacionada con “ser todo corazón”, así que supondré que significan lo mismo. Cuando una persona es de “buen corazón”, significa que ésta posee positivas intenciones y/o sentimientos agradables. Partiendo de esto, somos capaces de decir que las personas que gozan de problemas cardíacos no podrían siquiera soñar con tener buenos sentimientos. Lo siento mucho por ellas, pero no se pueden enfrentar a la verdad. Así que, la próxima vez que veamos a una persona cuyo corazón no tiene un funcionamiento óptimo, hemos de atacarlas sin vacilar, puesto que, sin sentimientos ni emociones buenas, no cabe la opción de que aporten algo positivo al mundo. Luego, la gente con problemas cardíacos ha de desaparecer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vayamos al siguiente punto: “te has metido en mi corazón”. ¿No lo hemos dicho más de una vez, acaso? No sé si para mis lectores, pero al menos para mí, suena como una intención de secuestro. No puedo entender cómo nos tomamos tan tranquilamente esa frase cuando nos la expresan. ¿Y qué habría de decir para evitarme problemas penales? Muy simple: “te quiero” o “nunca te olvidaré”. Claro que no es tan fácil decir eso como la metáfora antes expuesta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tengo la corazonada de que redactar este ensayo va a tomar más tiempo del que pensé. Ahora, ¿qué diablos es una corazonada? Según la confiabilísima RAE, esa palabra significa “presentimiento”, incluso se podría aplicar como “intuición”. Esto sí que se presenta difícil de explicar. Yendo por el sendero de “intuición”, hemos de pasar por el “tercer ojo” o el aclamadísimo “sexto sentido” –Exacto, &lt;i&gt;I see dead people&lt;/i&gt; –. Es una lástima el no tener a Haley Joel Osment a la mano para que nos aclare esta idea, por lo que me veo forzado a hacer mi mejor esfuerzo. En mi corta vida, no he escuchado ni una sola vez de alguien cuyo “tercer ojo” se localice en su corazón. A mi criterio, el lugar más apropiado para tal mítica creación sería la frente, pero eso depende del vidente al que frecuentemos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vayamos ahora a un terreno más polémico, ¿qué significa “tener el corazón blando”? Que sepa yo, se dice eso cuando uno se refiere a alguien que se conmueve fácilmente. No sé si esto sucede al resto de la especie humana, pero yo me conmovería al punto de las lágrimas si alguien presionase mi corazón para probar su blandura. No es algo que quisiera experimentar, a decir verdad. Me parece mejor decir que “tengo el corazón duro/frío” o que “no tengo corazón”. Sí, sí, lo sé, existen aquéllos que disfrutan de las experiencias extremas, así que les propongo un nuevo deporte: prueben que tienen el corazón blando. Claro que sería una actividad que no se puede realizar sin contar con el equipamiento quirúrgico pertinente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una vez, vi una película tan triste que me llegó a tocar el corazón. Lo digo con el corazón en la mano, fue sumamente doloroso. Por supuesto que es mucho más sencillo efectuar tal procedimiento para las personas a las que no les cabe el corazón en el pecho. Ésa es, como era de esperarse, una expresión que se refiere a aquéllos con tal grado de obesidad que no tienen lugar siquiera para el mediastino. Exacto, no hay lugar para un vacío, eso ocurre a veces. A los previamente mencionados, les recomiendo ejecutar una efectiva dieta o someterse a un proceso de liposucción.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pensar que no era suficiente “meter a alguien en el corazón”, ahora resulta posible aun “llevar a alguien en el corazón”. Aquello solía ser un tema tabú; sin embargo, ya no lo es más. Vemos casos como éste en la televisión todo el tiempo. ¿No se nos hace usual acaso el que una persona nazca con un feto dentro suyo? No es nada del otro mundo, pero en la situación de que alguno de mis lectores lleve a alguien dentro de sí, le recomiendo tomar las precauciones del caso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Retomando el tema original, ¿qué tiene que ver el corazón con los sentimientos? ¿Nosotros sentimos con el corazón? Ése es un gran error que todos cometemos, el corazón en las sensaciones y sentimientos es algo secundario. Todo lo previo depende del sistema nervioso, mas no del corazón. Uno no ama con el corazón, lo hace con la mente o, al menos, con la columna vertebral. Que éste empiece a latir como si no hubiese mañana es, únicamente, hechura de la adrenalina o, abreviando, producto del conjunto de neuronas ese.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Prestemos atención, ahora, al corazón del asunto. ¿Cuál es la relación entre el corazón y el alma? La respuesta es simple y, a la vez, compleja: todo y nada. Un yerro muy común es tomar ambas palabras como sinónimas, no teniendo éstas nada en común. Mientras que el corazón es algo extremadamente objetivo –no hay nada más concreto que algo que podemos tocar –, el alma es un tema sumamente abstracto, relacionado con los sentimientos –atribuidos por nosotros al mismo cerebro, culpable también de crímenes como la memoria –.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es aquí donde viene la parte práctica: ¿qué hacer ahora? No es nada duro de responder, simplemente dejemos de utilizar aquellas desatinadas y erradas metáforas que toman al corazón como un  dios neoevista alternativo. Es sólo cosa de recordar que el corazón es para el anticucho y que, cuando ingerimos uno de éstos, no nos estamos devorando los sentimientos de una pobre res.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6024672889976694931-653736472370630242?l=loslocostambiencreamos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://loslocostambiencreamos.blogspot.com/feeds/653736472370630242/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6024672889976694931&amp;postID=653736472370630242' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6024672889976694931/posts/default/653736472370630242'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6024672889976694931/posts/default/653736472370630242'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://loslocostambiencreamos.blogspot.com/2007/08/el-corazn-es-para-el-anticucho.html' title='El corazón es para el anticucho'/><author><name>Larousse</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07450217480396708216</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_BjFSwTnw1dc/S8K0drBRVVI/AAAAAAAAAC8/s0peY8J7jew/S220/19042_1303778467543_1022920011_972367_1650040_n.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6024672889976694931.post-6116315450790765601</id><published>2007-08-24T17:29:00.000-05:00</published><updated>2007-08-24T19:57:11.552-05:00</updated><title type='text'>La belleza es roja</title><content type='html'>Joaquín era un pequeño que vivía en las afueras de la ciudad. Su existencia consistía, como todo niño que no tiene contacto con el monstruo de cemento, en jugar con sus amigos y sonreírle a la vida. Con sus efímeros nueve años, Joaquín ayudaba a su padre en las labores del campo, ya que pertenecía a su familia una minúscula chacra que les servía para su sustento. Su madre, una joven que quedó embarazada en su mocedad, se encargaba de criar uno que otro animalito, ya sea para su consumo o para comerciar con él. Joaquín no podía estudiar. Bien sabía que, siendo el mayor de siete hermanos, estaba en la obligación de trabajar para mantener a su alegre familia. Si embargo, más de una vez vio a sus amiguitos saliendo de la escuela, ubicada a unas cuadras de su improvisado hogar, y comentando lo poco entretenida que era. Eso no le importaba a Joaquín, él quería aprender aunque la educación no tuviese propósitos lúdicos. Joaquín estaba sumamente interesado en estudiar, pero sabía que no lo podía hacer. Mis hermanitos van primero, decía. Esto causó, con el pasar del tiempo, una suerte de frustración en el pequeñito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Por qué mis amigos pueden ir a clases y yo no?- Le preguntaba a su mamá, obteniendo como respuesta un desalentador suspiro o un “no se lo vayas a decir al papá”. Caso error, cuando se le menciona a un niño sobre un tema con cierta mística como el anterior, éste intentará resolver, por mero instinto infantil, el misterio del “¿qué pasará?”. Lo que sucedió después era de esperarse, el pobre Joaquín recibió una sonora paliza por la simple indiscreción de formular esa infame pregunta a su papá. Naturalmente, el niño nunca supo qué hubo hecho mal. Nunca se imaginó que su progenitor atacaba con la misma interrogante cuando tenía su edad. Las golpizas eran las mismas, el mismo dolor, las mismas lágrimas ya usadas. El padre sabía que se estaba apaleando a sí mismo. Su consuelo era saber que la culpa no era suya, la culpa era de Joaquín por decir tales estupideces, o al menos eso le había enseñado su papá. Al menos, lo tranquilizaba un poco el considerarse misericordioso; su padre nunca se detuvo, el dolor no le era suficiente, la histeria tampoco resultaba efectiva, ni las lágrimas, las súplicas, la risa ni la sangre. Se sentía un hombre realizado al golpear a su hijo, ya que su viejo le confió en varias ocasiones un sabio consejo: “Hijo, hoy te sientes triste, pero el día en que golpees al fruto tuyo y de tu mujer, cuando ese día llegue, serás un hombre de verdad”. Y así era como se sentía, todo un ser humano. Joaquín siempre se quiso apreciar como un adulto. Su abuelito tenía la razón, puesto que era un ente muy conocedor del medio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El pequeño siguió preguntándose –ya no públicamente, claro –por qué los demás podían y él no. No era un lisiado, su cuerpecito estaba completo, al menos hasta donde sabía. ¿Los demás se merecían más que él? ¿Habían pasado por las mismas atrocidades? ¿Habían trabajado tan arduamente? En absoluto, era sólo que tuvieron la suerte de nacer en otra cuna, una que no era a base de cartón ni que olía a basura. Eso no era justo, Joaquín lloraba de rabia porque era el único así.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasaron los años y Joaquín se volvió un adolescente. Más de uno de sus hermanitos habían perdido la vida por causa del hambre. Eso era bueno, ya no tenía que encargarse de ellos. Así que se fue a la ciudad en busca de mejores oportunidades. Sus padres, orgullosos, lo suplieron con materiales que siempre necesitaría: una colcha, una pequeña navaja y tres soles. ¡Tres soles! Joaquín estaba extasiado, era la mayor cantidad de dinero que sus manos tocaron algún día.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El adolescente puso el primer pie en el cemento, era una situación totalmente nueva para él y sabía que determinaría su futuro. Tenía muchas ansias de éxito. Mientras caminaba, no pudo desviar la vista de su fortuna ni por un momento. Lo que sentía era algo que pocos seres humanos han experimentado: júbilo. Su alegría era tal que no lo vio venir. Ciertamente, nunca se pudo explicar qué le hubo sucedido. Lo único que veía era rojo; le recordaba a aquellos días de las palizas y de las preguntas sin sentido. Podía ver claramente el rostro de su padre sonriéndole. Pero Joaquín no se sentía bien, no por el dolor, sino porque ese horrible pensamiento le llegó a la mente. Nunca llegaría a ser un hombre. ¡Nunca! Quiso llorar, pero no pudo. Lo único que lloraba era rojo, lo único que gritaba era rojo, y lo mismo iba para lo que oía y palpaba: rojo y más rojo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un transeúnte se le acercó. Lo miró como si fuese un bicho raro, y se agachó hacia él. Ya no le importaba a Joaquín, en su mente sólo había rojo. El individuo se sentía asqueado, pero sus acciones valían la pena. Después de mucho vacilar, cumplió con lo que hubo pensado. Lo hizo y se marchó, contento con sus  tres sanguinolentos soles. Los gallinazos se avecinaban y la sangre se esparcía. Joaquín tuvo una roja visión de cómo se sentía ser un adulto y esbozó su última sonrisa al pavimento, también rojo, por supuesto.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6024672889976694931-6116315450790765601?l=loslocostambiencreamos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://loslocostambiencreamos.blogspot.com/feeds/6116315450790765601/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6024672889976694931&amp;postID=6116315450790765601' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6024672889976694931/posts/default/6116315450790765601'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6024672889976694931/posts/default/6116315450790765601'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://loslocostambiencreamos.blogspot.com/2007/08/la-belleza-es-roja.html' title='La belleza es roja'/><author><name>Larousse</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07450217480396708216</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_BjFSwTnw1dc/S8K0drBRVVI/AAAAAAAAAC8/s0peY8J7jew/S220/19042_1303778467543_1022920011_972367_1650040_n.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6024672889976694931.post-4803895089054101115</id><published>2007-08-23T21:27:00.000-05:00</published><updated>2007-08-24T17:28:48.068-05:00</updated><title type='text'>Pidiendo a Dios</title><content type='html'>&lt;div align="left"&gt;Este es un tema que, a decir verdad, me pareció muy interesante cuando cruzó por mi mente hace unos días. Todo el mundo sabe que la raza humana no respeta a Dios, eso es tácito. La idea es algo diferente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Quién no se encomienda a Dios de vez en cuando? Nosotros -o muchos de nosotros- oramos muy a menudo, conversamos con Dios, la interminable cháchara diaria sobre nuestro día o nuestras metas en mente. A la vez, le agradecemos por los favores cumplidos y, ¿por qué no?, le ofrecemos algo a cambio; nos conviene que nos ayude y, como es de esperarse, a Él le conviene que le ayudemos. Otro punto infaltable en dicha conversación es -y ocurre porque es imposible resistirse a la tentación de hacerlo-, las peticiones del día. "Señor, te pido por la salud de mi familia", "por lograr esto", "para que mi esposa no se entere", etc. Y es que no forma parte de la naturaleza humana el ser divinamente desprendido y no pedir nada a cambio de prestarle un poco de atención a Dios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El punto viene ahora, ¿no se nos viene a la mente y luego a la boca, acaso, después de nuestros reclamos -ya sean matinales, vespertinos o noctámbulos- el celebérrimo y ya prostituido "Pero Señor, que se haga tu voluntad"? Bien lo pensamos y bien lo decimos. Recapacitando un poco, hacía unos cuantos segundos, pedimos por nuestras intenciones y, de repente, aparecemos con que queremos que se cumpla la voluntad divina. La mayoría de veces, empero, lo que Dios quiere es el extremo opuesto de nuestras pretensiones. De esto se puede deducir, únicamente, que contrariamos los planes del Supremo. Ahora, ¿por qué lo haríamos? ¿No repetimos siempre que lo que Él hace está bien, sin importar las circunstancias? ¡Por supuesto que está bien! ¡No hay creyente con fervor mayor que el mío!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Duda no cabe al decir que Dios se desvive para lograr que nosotros vayamos por el camino moral, es decir, es nuestro Pepe Grillo. Luego, sus decretos y acciones son lo más correcto que puede existir en el Universo. Entonces, ¿por qué vamos en contra de sus ideales? Claro, claro, no queremos que nuestros seres queridos sufran -mas bien, no queremos verlos sufrir-, ni queremos desaprobar aquel curso tan odiado -se me viene a la mente Gestión Empresarial-. Lo de ganar la lotería es un tema totalmente alterno, es un simple pensamiento peregrino que se me viene a la mente una y otra vez, pero vago e inestable, después de todo. Sin embargo -y lamentablemente-, a veces, Dios tiene otros planes para estas cosas. Parece lamentable, pero es, innegablemente, lo correcto o, al menos, lo más propicio, decente o atinado. Del resto de la disertación se encarga el de arriba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bueno, si seguimos con la idea de que contrariamos los ideales de Dios, podemos llegar a la que dice que lo que Él tiene en mente no nos parece lo correcto. En caso de que no sea lo correcto, Dios habría, evidentemente, errado. ¿Equivocarse, Dios? ¡Imposible! Podríamos, de la misma manera, llegar a aconsejar al celestial, que sería lo mismo que confirmar su yerro. Dios en un error equivale a que Dios no es perfecto -la perfección no admite fallas o, más aplicablemente, imperfecciones- y, peor aún, si Dios se ha equivocado, entonces nosotros tenemos la razón -sobre este único punto, por supuesto-. Luego, el hombre es, en algunas cosas, más sabio, más habilidoso, mejor preparado, más creativo, ¡más moral! que el mismísimo Tucuiricui divino, que es, según las ideas previas, imperfecto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora, bajándonos de nuestra nube, nos daremos cuenta de que nuestro razonamiento es erróneo. Exacto, el virus de la falacia se ha insertado tan discretamente que no nos hemos dado cuenta del chiste ese. Pero, ¿dónde? Desde el comienzo, como era de esperarse. Tomando en cuenta lo que siempre se nos ha enseñado, Dios es perfecto, ¿cierto? Entonces, no se puede equivocar, ¿y qué? Pues bien, los que fallamos fuimos nosotros. Y fue en el punto más simple de nuestro razonamiento: en la petición. Nosotros habíamos pedido por nuestros fines egoístas -aunque parezcan, de vez en cuando, filantrópicos-. De esto, podemos concluir con que pedir para nosotros está mal, ya que estamos diciendo que la voluntad de Dios no puede estar en un error.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Qué hacer ahora? Muy simple, en nuestra próxima oración -y la consecuente petición-, digámosle con total certeza y humildad algo como "Señor, yo sé que sabes lo que estoy pensando -que resulta ser, para un yo muy subjetivo, lo que de verdad quiero-, pero no me hagas caso; yo quiero que se cumpla lo que tú quieres. -Es aquí donde va la conocida frase- Que se haga, sola y únicamente, tu voluntad, no la del miserable mortal que te dirige estas palabras; porque Tú puedes ahondarte en mis verdaderos pensamientos y saber qué es lo que de verdad quiero. Tú y nadie más".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como era de esperarse, también podríamos llegar a la conclusión de que somos nosotros los que estamos en lo correcto. Somos libres de pensar lo que nos plazca, pero eso forma parte de otra disertación.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6024672889976694931-4803895089054101115?l=loslocostambiencreamos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://loslocostambiencreamos.blogspot.com/feeds/4803895089054101115/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6024672889976694931&amp;postID=4803895089054101115' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6024672889976694931/posts/default/4803895089054101115'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6024672889976694931/posts/default/4803895089054101115'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://loslocostambiencreamos.blogspot.com/2007/08/pidiendo-dios.html' title='Pidiendo a Dios'/><author><name>Larousse</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07450217480396708216</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_BjFSwTnw1dc/S8K0drBRVVI/AAAAAAAAAC8/s0peY8J7jew/S220/19042_1303778467543_1022920011_972367_1650040_n.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6024672889976694931.post-2721438022958456295</id><published>2007-08-22T23:06:00.001-05:00</published><updated>2007-08-22T23:06:48.985-05:00</updated><title type='text'>Discurso maéstrico</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Hoy es un día especial para todos nosotros o, al menos, debería serlo. Si bien hoy no es el viernes 06 de julio, en esta ocasión, celebramos, una vez más, el día del maestro sanjosefino. Es éste el momento de arrojar flores a los pies de nuestros queridos profesores y, por supuesto, de colocarles la memorabilísima alfombra roja. A decir verdad, no lo es. La esencia de esta fecha no es el festejar ni el regocijarse, sino el compartir, en este breve plazo, con estos celebérrimos personajes. Si se dice que el colegio es nuestro segundo hogar, ¿no sería lógico, entonces, que los profesores sean nuestros segundos padres? ¿No son ellos quienes nos han llevado de la mano por tantos años y conducido por el camino más adecuado, eso esperamos, a su parecer? Son ellos, pues, quienes apoyaron a nuestros padres a engendrarnos intelectualmente, son ellos también quienes cuidan de cerca nuestro desarrollo y quienes están dispuestos a brindarnos su ayuda desinteresada. Es por eso que el único día comparable al del maestro es el del padre.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Ahora, si es que hay alguien a quien debamos estar agradecidos en nuestra época escolar, ese alguien o, en este caso, esos álguienes son ustedes, nuestros maestros. Ustedes han pasado por tantas experiencias con nosotros, han reído a nuestro lado y se han enfadado también. Hoy los invitamos a dejar de lado lo negativo, los estereotipos, cualquier cosa que no les agrade; hemos tenido nuestros malos momentos, sí, pero guardarlos no hace más que destruirnos por dentro; recuerden las buenas experiencias con nosotros, las grandes alegrías, los paseos, los viajes, las expoferias; piensen en todo su tiempo invertido en nosotros. Son ustedes quienes lo han usado. Nos moldearon como mejor les pareció moralmente. Muchos darían lo que fuere por recibir una enseñanza como la nuestra, encaminados por ustedes, tan experimentados pedagogos, guías en la teoría y diestros en la práctica. No somos más que su creativa obra, ni podemos hacer más que poner en práctica lo que nos han enseñado, su camino idóneo por la vida. Quiero que sepan que no los defraudaremos, continuaremos por la vida como ustedes lo desean. Caeremos y nos levantaremos, nunca cabizbajos y siempre optimistas. Lograremos ser alguien, destacaremos entre la especie humana. Conquistaremos todo y crearemos metas para conseguir. Todo gracias a ustedes, quienes nos motivan, día a día, a seguir adelante, quienes nos muestran una sonrisa aunque no se encuentren contentos, quienes nos convierten en el foco prendido en el letrero malogrado. Todo es por su culpa y gracias a ustedes. Y, frente a tanto agradecimiento, me atrevo a pedirles una cosa: Sigan formando personas con tanto ahínco como lo hacen con nosotros. No se atrevan a retroceder, pues rendirse es cosa de cobardes, y esa palabra no ha de estar en su léxico. Su trabajo no es uno más en el saco, de ustedes depende una nación. Sigan sembrando con las mismas esperanzas, y no habrá momento en su vida en el que no se sientan los seres más felices del mundo. Gracias por todo y feliz día del maestro. Los quiere, la Promoción XLVII.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6024672889976694931-2721438022958456295?l=loslocostambiencreamos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://loslocostambiencreamos.blogspot.com/feeds/2721438022958456295/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6024672889976694931&amp;postID=2721438022958456295' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6024672889976694931/posts/default/2721438022958456295'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6024672889976694931/posts/default/2721438022958456295'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://loslocostambiencreamos.blogspot.com/2007/08/discurso-mastrico.html' title='Discurso maéstrico'/><author><name>Larousse</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07450217480396708216</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_BjFSwTnw1dc/S8K0drBRVVI/AAAAAAAAAC8/s0peY8J7jew/S220/19042_1303778467543_1022920011_972367_1650040_n.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6024672889976694931.post-649866406467109270</id><published>2007-08-22T22:35:00.000-05:00</published><updated>2007-08-22T22:41:40.342-05:00</updated><title type='text'>Era una grandiosa vista</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Era una grandiosa vista. El anaranjado sol se ocultaba lentamente en el gran mar. Había muy pocas nubes, pero todas ellas llevaban un sublime color anaranjado pálido, haciendo una suerte de juego natural con el sol, al que rodeaban, sin llegar a opacar su irracional belleza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Había un increíble silencio humano. No podía escuchar ni ver automóvil ninguno. Sólo se escuchaba el amplio mar, la brisa, los peces, la arena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras me acercaba más al mar, más maravillado aún me quedaba de tal escena. Una suave brisa rozó mi cara, no se sentía cálida ni fría, sólo agradable y fresca. Pequeños cangrejos recorrían la arena con su peculiar manera de andar. Algunos se escondían al verme, otros seguían su camino indiferentemente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luego miré el mar. El océano también formaba parte de este paradisíaco paisaje. El sol se reflejaba en él, haciendo que tome un bello color escarlata. En el agua cristalina se apreciaban algunos peces preparándose para la jornada nocturna. No se veía ola alguna, solamente unas pequeñas ondas acuáticas que humedecían mis pies descalzos a duras penas. El agua no se sentía tampoco helada, como siempre, más bien, se sentía tibia, como la de un día muy caluroso de verano. Era una sensación bastante extraña para tratarse del mar, pero no podía pedir más de la naturaleza ni del momento que estaba viviendo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Volteé mi cabeza para ver si encontraba a alguien. Era justo como había pensado; nadie interrumpía este momento especial. En cualquier otra ocasión me habría gustado tener la compañía de alguien. Sin embargo, el instante era demasiado perfecto para compartirlo con otro ser humano. Me sentía jubiloso de estar rodeado de tanta belleza. Hacía ya mucho tiempo desde que no experimentaba algo así. Un momento con la naturaleza; habría vendido mi alma por un mínimo instante así y, sorprendentemente, lo conseguí totalmente gratis, como todo debería ser.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tampoco me lamenté por no tener una cámara fotográfica cerca. Aunque una vista así sería el sueño de todo fotógrafo, me parecía que una fotografía habría de arruinar el momento, la magia, el sentimiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Finalmente me decidí a tomar asiento. No necesité apresurarme para apoyarme en la arena. Ésta se sentía fría, pero, de algún modo, lograba un balance con el agua tibia. En absoluto me importó que el agua moje mi pantalón; no me tomaría mucho trabajo cambiármelo. Mis pies tocaban la arena, y el agua tocaba mis pies. Una corta brisa me hizo sentir la frescura de inicios de verano. Levanté mi cabeza y logré ver la primera estrella de la noche. Había una sola, pues las anaranjadas nubes opacaban al resto. No recuerdo bien qué pensé en ese momento, pero debió de ser algo relacionado con el paisaje, pues al instante bajé la mirada y vi al mar escarlata hasta que se tornó azul. Ya era de noche y yo me encontraba en el paraíso.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6024672889976694931-649866406467109270?l=loslocostambiencreamos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://loslocostambiencreamos.blogspot.com/feeds/649866406467109270/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6024672889976694931&amp;postID=649866406467109270' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6024672889976694931/posts/default/649866406467109270'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6024672889976694931/posts/default/649866406467109270'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://loslocostambiencreamos.blogspot.com/2007/08/era-una-grandiosa-vista.html' title='Era una grandiosa vista'/><author><name>Larousse</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07450217480396708216</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_BjFSwTnw1dc/S8K0drBRVVI/AAAAAAAAAC8/s0peY8J7jew/S220/19042_1303778467543_1022920011_972367_1650040_n.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6024672889976694931.post-5645635120749066768</id><published>2007-08-22T22:19:00.000-05:00</published><updated>2007-08-22T22:43:01.719-05:00</updated><title type='text'>"Loco" por ella</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;div align="justify"&gt;El día de ayer, estando dispuestos a salir de una librería del centro de la ciudad, vimos dos chicas caminando de una manera ligeramente desesperada y, lamentablemente, disfrutamos de igual modo del tropezón de una de las susodichas. Stephani, por supuesto y como por todo, no pudo soportar la risa y, aunque lo ideal habría sido que esbozase una sonrisa, soltó, la muy cándida, unas imprudentes carcajadas.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;El problema fue, principalmente, el desatino ejecutado por la chica waa, pues éste atrajo la atención del drama andante que causó la previa huida de las damas de la caída. El sujeto que, sin duda alguna, gozaba de mejor salud mental que más de uno de los presentes, se interesó impulsivamente en la blanquiñosa. Pasó primero, sin embargo, por Javier, quien se había quedado paralizado del susto y que, en su deficiente movilidad, le aceptó uno de sus evangélicamente pagables separadores de hoja. Ana Patty y yo tuvimos una mejor decisión al colocarnos discretamente en la esquina opuesta a nuestro amigable atacante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El individuo siguió, sin dar lugar a vacilaciones, con su camino hacia Stephani, descubriendo en ella una timidísima y extremadamente asustada faz, aunque adorable y de provocaciones románticas para nuestro invitado. De repente, y en lo posible en el negocio de diez metros cuadrados, ella corrió hacia otra esquina y, en su horror, escondiose detrás de lo más cercano que encontró, esto es, una cartulina con el mapamundi impreso. Su escudo no le sirvió de mucho, pues su amor platónico podía verla, conversar con ella y atacarla con toda la facilidad del mundo. Eso es lo que hizo, justamente. Con la fluidez que su habilidad lingüística le permitía, nuestro amigo entabló una conversación con nuestra impactada damisela. La cháchara se sucedió más o menos de esta manera:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;– ¡No! Aléjate de mí.&lt;br /&gt;– No te quiero hacer daño.&lt;br /&gt;– ¡No, no! ¡No quiero nada!&lt;br /&gt;– No te asustes, yo sólo te quiero dar mi tarjetita.&lt;br /&gt;– ¡No, por favor! ¡Waa!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La dueña de la tienda, tras aquel incomprensible intercambio de palabras, mandó a uno de sus sicarios a exiliar al indeseable. De paso, se tomó la molestia de efectuarnos la misma petición, siendo nosotros los indeseables en esta oportunidad. Javier húbole devuelto el separador, claro está, pero aún no podíamos retirarnos debido a la cercana locación del pretendiente de la soprano. Esperamos un largo tiempo, mas el momento de salir hubo de llegar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No es una experiencia que hayamos de comentar en nuestra senil decadencia, pero al menos, es algo de los que nos podamos reír cuando terminen nuestros gloriosos días escolares. Demasiado tarde, ya lo estamos haciendo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6024672889976694931-5645635120749066768?l=loslocostambiencreamos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://loslocostambiencreamos.blogspot.com/feeds/5645635120749066768/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6024672889976694931&amp;postID=5645635120749066768' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6024672889976694931/posts/default/5645635120749066768'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6024672889976694931/posts/default/5645635120749066768'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://loslocostambiencreamos.blogspot.com/2007/08/loco-por-ella.html' title='&quot;Loco&quot; por ella'/><author><name>Larousse</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07450217480396708216</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_BjFSwTnw1dc/S8K0drBRVVI/AAAAAAAAAC8/s0peY8J7jew/S220/19042_1303778467543_1022920011_972367_1650040_n.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry></feed>
